8M: El feminismo actual no me representa.

El pasado 8 de marzo no fue una conmemoración, fue un espectáculo grotesco. Lo que alguna vez fue una lucha legítima por los derechos de la mujer se ha convertido en un circo de histeria, resentimiento y destrucción. Multitudes de mujeres semidesnudas, cubiertas de pintura y odio, vandalizando ciudades, gritando obscenidades y exigiendo el “derecho” a asesinar bebés en el vientre materno. Ya no buscan igualdad, buscan venganza. Ya no luchan por justicia, sino por imponer una ideología tóxica que ha convertido al feminismo en una secta misándrica, violenta y profundamente hipócrita.
Este feminismo no solo no me representa, me avergüenza. Es el enemigo de la mujer. No nos libera, nos degrada. No nos fortalece, nos victimiza. No nos eleva, nos convierte en herramientas de una agenda política que nos desprecia. Y lo más indignante de todo es que ni siquiera nos consideran mujeres. Ahora somos “cuerpos gestantes”, “personas menstruantes” y “seres que pueden parir”, porque su feminismo no defiende a las mujeres, sino a un puñado de hombres con peluca y maquillaje que exigen ser tratados como mujeres sin haber vivido jamás nuestra realidad. Nos han borrado. Nos han traicionado. Y lo han hecho en nuestro nombre.
Durante la Primera Ola del feminismo (siglos XIX y XX), las mujeres lucharon por derechos fundamentales como el voto, la educación y la propiedad privada. Lograron grandes avances sin necesidad de victimizarse ni exigir tratos preferenciales. La Segunda Ola (1960-1980) se enfocó en la igualdad legal y laboral, pero ahí empezaron los primeros síntomas de la enfermedad feminista: la demonización del hogar, la maternidad y la feminidad.
La Tercera Ola (1990-2000) llevó la lucha a la radicalización absoluta, promoviendo el empoderamiento sexual mal entendido, el victimismo y la idea de que todas las mujeres viven oprimidas bajo un patriarcado omnipresente. Pero la Cuarta Ola, la que vivimos hoy, es el peor de los cánceres: es un feminismo que ya ni siquiera defiende a las mujeres, sino que nos borra, nos sustituye y nos reduce a simples úteros andantes que pueden ser reemplazados por cualquier hombre con disfraz de mujer.
Nos han robado nuestros espacios, nuestras competencias y nuestras oportunidades. En el deporte, hombres biológicos destrozan récords femeninos y se llevan las medallas que deberían ser de mujeres. En refugios para mujeres maltratadas, víctimas de violencia se ven forzadas a compartir espacio con hombres que “se identifican como mujeres”, muchas veces con antecedentes de agresión sexual. En cárceles femeninas, mujeres presas quedan embarazadas porque delincuentes varones han sido alojados con ellas bajo el pretexto de la identidad de género.
Pero si hay algo que une a todas las feministas radicales, es el aborto. No luchan por seguridad, por educación ni por justicia. Su única prioridad es garantizar que cualquier mujer pueda asesinar a su hijo sin consecuencias. Dicen que el aborto es “libertad”, pero ¿desde cuándo la libertad significa matar? Las mujeres que abortan no son libres, son víctimas de una cultura que les ha dicho que la maternidad es un estorbo y que la vida de su hijo no vale nada.
Los datos lo dejan claro: el 75% de las mujeres que abortan lo hacen por presión social o económica, no por decisión libre. Mientras tanto, las clínicas de Planned Parenthood han sido expuestas vendiendo órganos de fetos abortados, mientras feministas celebran el “derecho” a financiar con dinero público la masacre de los más inocentes.
Pero si todo esto no fuera suficiente, las feministas de hoy idolatran a mujeres nefastas. Simone de Beauvoir, que defendía la pedofilia y quería sexualizar a los niños. Irene Montero, que impulsó leyes en España que redujeron penas a violadores y abusadores sexuales. Y Judith Butler, la ideóloga de la farsa de la identidad de género, responsable de que hoy hombres biológicos puedan arruinar el deporte femenino y acceder a espacios exclusivos para mujeres. El feminismo moderno no lucha por las mujeres. Lucha por su desaparición.
El feminismo que exige libertad pero censura a quienes piensan distinto no me representa. El feminismo que convierte a la mujer en una víctima eterna para eximirla de toda responsabilidad no me representa. El feminismo que odia al hombre más de lo que ama a la mujer no me representa. El feminismo que romantiza el aborto y celebra la muerte de los más inocentes no me representa. El feminismo que justifica la violencia cuando le conviene no me representa.
El feminismo que le dice a las mujeres que ser madres es esclavitud pero vender su cuerpo es empoderamiento no me representa. El feminismo que utiliza el sufrimiento real de algunas para imponer una agenda política no me representa. El feminismo que desprecia la biología y niega la realidad no me representa. El feminismo que convierte la lucha por la igualdad en una excusa para imponer privilegios no me representa. El feminismo que quiere reemplazar el patriarcado con un matriarcado autoritario no me representa.
Las mujeres no necesitamos un movimiento que nos diga que somos débiles, que nos haga creer que dependemos del Estado o que nos convenza de que debemos odiar a los hombres. No necesitamos un feminismo que nos reduzca a víctimas perpetuas ni que nos obligue a renunciar a nuestra feminidad para ser tomadas en serio. No necesitamos que nos digan que para ser libres debemos ser como los hombres, ni que nuestra valía depende de cuánto nos parezcamos a ellos. No necesitamos más divisiones, más odio ni más manipulación. Necesitamos dignidad, eso es todo.
Este 8M no marché, no grité, no me sumé a su circo de odio. Porque este feminismo, sencillamente, me avergüenza como mujer.
Feliz Día de la Mujer a quienes sí merecen ser celebradas. A todas las mujeres que trabajan, que construyen, que inspiran. A las que no necesitan gritar ni destruir para ser escuchadas. A las que abrazan su feminidad con orgullo y no se dejan someter por ideologías que las quieren débiles y manipulables. Feliz Día de la Mujer a todas aquellas que saben que ser mujer es un honor y una bendición.
Que nunca nos hagan olvidar quiénes somos.
Hay cosas q no deben cambiar, otras q si y mejorar, la mujer debe ser protejida, la vida de un feto o de un niño en el vientre de una mujer es sagrada, solo Dios debería tomar la desicion de q pare o continúe, vengo de una mujer muy especial q hizo lo más q pudo p q yo viviera mejor y fuera una mejor persona y doy gracias a Dios por ser su hijo y porq quisiera q yo naciera y por amarme a mi y a mi hermano y hermanas, feliz día de la Mujer para todas las q si se ganan ese saludo honrando a su creador y q luchan por superarse y sacar a sus hijos adelante ❤️💕❤️💕