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La Élite que perdió el control: Opinólogos en berrinche.

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Por Cattaleya Mendieta

El politólogo de salón vuelve al ruedo. Ese personaje que, armado con un doctorado en trámite, jerga de consultor internacional y pasaporte con más sellos que aportes, ha decidido desde la trinchera rancia de CRHoy iluminar al pueblo con su sabiduría. Nos dice, con tono doctoral y mirada condescendiente, que la popularidad del presidente Rodrigo Chaves no es real. Redes sociales, opinión pública y desinformación: cómo sostener un mito. Ese mismo personaje que desde sus redes pasa bombardeando al gobierno 24/7, juntos a todos los personajes del FA, PLN, La Trocha Chichilla etc, así son sus post desde la red X.

Que es una ilusión digital. Que son troles. Que es manipulación. Que el pueblo no razona, solo reacciona. Así, con la sutil elegancia de quien jamás ha puesto un pie en Hatillo ni ha hecho fila para que lo atienda un cajero automático estatal en diciembre.

¿Y sabe qué, señor politólogo? Esa arrogancia es precisamente la razón por la cual ustedes ya no mandan ni en el discurso.

Su “análisis” es una mezcla de quejido académico y artículo de horóscopo político: muchas palabras bonitas, cero conexión con la realidad. Nos dice que el pueblo no apoya a Chaves por logros, sino por escándalos. Que su imagen se sostiene gracias a la confrontación. Que su liderazgo es un show. ¡Qué horror! ¿No será que el show lo daban ustedes desde hace décadas, cuando se sentaban en paneles de televisión a justificar lo injustificable, mientras el país se caía a pedazos?

Veamos la lógica retorcida de este gurú de la manipulación mediática: si el presidente sube en popularidad, es por bots. Si no baja, es porque el pueblo es idiota. Si habla fuerte, es un autócrata. Si confronta al sistema, es populista. Si no lo atacan los medios, entonces no hay democracia. O sea, todo lo que no se ajuste a su burbuja elitista, es “peligroso para la república”. ¡Qué conveniente!

Y ni hablemos de la joya de su tesis: que todo esto es parte de una operación digital orquestada, donde hordas de troles y fanáticos atacan medios, universidades, jueces y diputados. En serio, ¿eso es un análisis o el guion descartado de una película de conspiraciones baratas?

Lo más grotesco no es el fondo, que ya es bastante mediocre, sino el subtexto enfermizo: este tipo realmente cree que la gente no tiene criterio. Que el ciudadano común necesita que CRHoy, la UCR o un doctorando andaluz le expliquen cómo pensar. Y cuando ese ciudadano se sale del libreto, entonces no es que el sistema esté podrido, es que el pueblo está manipulado.

No, señor politólogo. No es manipulación. Es despertar.

El pueblo ya no le cree al periodismo de alquiler. Ya no compra el discurso oxidado de “defender la democracia” cuando esa democracia fue secuestrada por élites que se blindaron durante décadas con leyes que ellos mismos diseñaron. Ya no se traga la idea de que criticar a un juez, un medio o una ONG es autoritarismo. No. Es dignidad, hartazgo y conciencia.

Y usted, desde su escritorio lleno de títulos y consultorías, puede seguir llorando porque el pueblo ya no se deja guiar por faroles rotos. Pero sepa algo: por más que grite “populismo”, el verdadero populismo fue el suyo, el que durante años vistieron de tecnocracia, maquillaron con fórmulas económicas y legitimaron con encuestas que nadie cuestionaba.

Ahora lloran porque el algoritmo ya no responde a su voz.

Porque ya no pueden instalar verdades absolutas desde un titular.

Porque el pueblo los superó, les tomó la medida y ya no les cree.