¿Democracia en peligro? ¡Sí, por ustedes, Don Rodrigo!.
VOCES DE OPINION: Rodrigo Arias: ¿Viejo Orden o Defensor de la Democracia?
Rodrigo Arias volvió a salir al escenario político con su tono calmado y frases de salón elegante, intentando posicionarse como el “Monarca sensato” que nos salvará del caos. Esta vez lo hizo desde Nicoya, lanzando advertencias sobre un supuesto peligro para la democracia costarricense. Pero veamos con claridad: lo que realmente está en peligro no es la democracia, sino el sistema de privilegios que su generación ha sostenido por décadas.
Arias, figura central del viejo arismo, presidente de una Asamblea desacreditada y símbolo del bipartidismo pactado, nos habla de “unidad nacional”, “acciones serenas” y “respeto institucional”. Pero sus palabras no son un acto de patriotismo: son un acto de autodefensa política, de quien sabe que su legado está siendo desmantelado por una ciudadanía más crítica y cansada de tanta hipocresía.
¿Cómo puede hablar del “rezago y dolor de Guanacaste”, si su generación política gobernó por años sin resolver esas mismas brechas? ¿Dónde estaban esas reflexiones cuando se blindaban intereses económicos, se negociaban puestos a puertas cerradas y se repartía el país entre élites mientras la mayoría veía crecer la desigualdad?, sin mencionar el “Caso de El Jobo”. Al cual se hizo el mae, mientras entre trinquetes se repartieron el botín de tierra.
Su “defensa de la institucionalidad” es, en realidad, una defensa del sistema que los ha mantenido a salvo, lejos de los tribunales, esa misma institución que actualmente tiene una credibilidad por los suelos, mas con su compita Orlando Aguirre los mismo añejos de siempre que han mantenido la sombra oscura en el país, lejos del hambre y lejos de la realidad de la mayoría.
Rodrigo Arias no soporta que las instituciones sean cuestionadas, no porque le preocupe la democracia, sino porque sabe que si el pueblo empieza a escarbar, va a encontrar décadas de podredumbre política escondida bajo trajes finos y discursos bonitos. Su llamado a respetar las instituciones no es para fortalecerlas: es para blindarlas del escrutinio público. Lo que él llama “serenidad”, es simplemente una forma elegante de pedir que nadie los moleste. Y lo que disfraza de “unidad nacional” es solo la nostalgia de aquellos tiempos donde gobernaban sin que nadie les levantara la voz.
Rodrigo Arias no representa la democracia. Representa el sistema que la desgastó desde dentro. Ese sistema que toleró escándalos, calló ante abusos de poder, y bloqueó todo intento de renovación con pactos en lo oscurito.
Nos quiere dar lecciones de moral desde una silla que simboliza todo lo contrario a la ética democrática: el acomodo, el elitismo y la desconexión. No nos dejemos engañar: la democracia no se construye con frases poéticas ni con sombreros prestados para tomarse la foto en Nicoya. La democracia se construye con coherencia, valentía y memoria.
Y eso es justamente lo que Rodrigo Arias y su círculo más cercano nunca ofrecieron.
POR ANIBAL NEWMAN
“No, señor Arias, ¡yo ya no me dejo meter el dedo en el fundillo como lo hicieron esos vagos corruptos de gobiernos pasados que, entre medios tradicionales, nos vendieron el arcoíris del país cariñosito mientras entre sombras nos robaban y pudrían Costa Rica!”

