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“Emprendedor, ¿De verdad Díaz te quitará el Estado de encima?”.

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POR CATTALEYA MENDIETA- MUNDO ACR

El discurso de campaña de la candidata presidencial Natalia Díaz resuena con un sector de la población frustrado por la burocracia, los impuestos y la complejidad de emprender en Costa Rica. Su mensaje, directo y empático, afirma que “el que quiere trabajar tiene que sobrevivir al Estado” y que, desde la presidencia, se puede “quitar el Estado de encima”. A primera vista, la propuesta parece una solución simple y efectiva. Sin embargo, un examen profundo de estas declaraciones revela que estamos ante un discurso políticamente efectivo que, al ser contrastado con la realidad del sistema costarricense, carece de un plan de acción viable para el emprendedor costarricense.

El objetivo de este análisis es ofrecer al ciudadano los argumentos sólidos necesarios para que pueda juzgar esta propuesta más allá del sentimiento que evoca en muchos costarricenses que quieren avanzar.

Propuesta vacía.

La candidata comienza su mensaje con un punto innegable: las trabas para emprender son una realidad en Costa Rica. Su referencia a la posición del país en índices globales de emprendimiento valida la queja de miles de pequeños y medianos empresarios. Es un hecho que la burocracia es lenta, los impuestos son complejos y el acceso al financiamiento es a menudo una odisea.

El problema reside en que, tras identificar el dolor de la ciudadanía, la candidata promete una solución que no se puede aplicar con la facilidad que sugiere. Su afirmación de que “desde la presidencia, se puede, sin excusas” ignora el pilar fundamental de nuestra democracia: la separación de poderes. Un presidente no es un monarca con el poder de cambiar leyes con un simple decreto.

El sistema costarricense, regido por la Constitución Política de 1949, distribuye el poder en tres ramas. El Poder Ejecutivo, que ella aspiraría a liderar, tiene la función de administrar el país y proponer leyes, no de aprobarlas. Esta labor recae en el Poder Legislativo, la Asamblea Legislativa, donde se requiere de un proceso de debate y aprobación. Ignorar esta realidad es no comprender la base misma de la gobernabilidad democrática o, lo que es más probable, subestimar la inteligencia del electorado.

Las promesas de la candidata, al ser analizadas bajo la luz de las leyes y la realidad política, se desmoronan por su falta de sustento.

Burocracia y Trámites: Un Laberinto Legal

La burocracia no es un enemigo sin rostro que una orden presidencial pueda derrotar. Cada trámite, permiso y requisito está amparado en una o varias leyes y reglamentos que han sido creados y aprobados a lo largo de décadas. Simplificar estos procesos requeriría la derogación o modificación de un sinnúmero de normas en entidades como la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Seguros (INS) y las municipalidades. Un presidente no puede simplemente dictar estos cambios; debe negociarlos con cada institución y, en muchos casos, con los diputados del Congreso. Prometer un “camino sin trabas” sin un plan claro para estas reformas es una afirmación vacía.

Impuestos justos.

La promesa de “impuestos justos” es, por naturaleza, subjetiva y políticamente peligrosa. ¿Se refiere a bajar los impuestos? ¿A simplificar el sistema de declaración? ¿A eliminar ciertos tributos? Cualquier cambio en el sistema fiscal de Costa Rica, desde la reducción de tasas hasta la introducción de nuevas exenciones, debe ser formalizado en una ley de la República. Esto implica un complejo y a menudo conflictivo proceso de negociación con las fracciones políticas en el Congreso. Un presidente que carece de una mayoría legislativa o de la habilidad para negociar se encontraría con sus manos atadas.

El video de la candidata es un manual de marketing político. El Marketing al desnudo, la seducción del discurso simple. Se enfoca en un problema real y presenta una solución que es más una emoción que un plan. Es un ejemplo de populismo pragmático, donde el político se presenta como un “outsider” que entiende a la gente común y que, con su “voluntad”, puede superar cualquier obstáculo. Su afirmación de “yo vengo de ahí, he sido emprendedora” es un recurso retórico para generar confianza, pero la administración de un país es infinitamente más compleja que la de un negocio.

La propuesta de la candidata se basa en la idea de que un solo líder, con la suficiente determinación, puede vencer la inercia del Estado. Esta narrativa es peligrosa porque desvía la atención del verdadero problema: la necesidad de construir consensos políticos, de negociar con la oposición y de respetar el funcionamiento del sistema democrático.

La propuesta de Natalia Díaz es un reflejo de lo que el electorado desea escuchar, pero carece de un plan de acción viable. Es un mensaje que se vende como una solución, pero que, al ser analizado a fondo, se revela como un mero eslogan de campaña. La ciudadanía, para tomar una decisión informada, debe exigir más que promesas. Debemos demandar que los candidatos expliquen, con lujo de detalle y con base en la realidad de las leyes, cómo pretenden lograr lo que prometen. Los costarricenses han abierto los ojos y ahora quieren más, que propuestas y promesas de un candidato sin decir el como van a lograrlo.