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PLN, Frente Amplio y PAC: tres actores con una misma máscara.

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Máster Milton Madriz Cedeño, Politólogo, experto en gobernanza y política pública

Del martillo y la hoz al arcoíris: el reciclaje ideológico en Costa Rica.

Hay un triunvirato en la política costarricense que no se firmó con tinta, pero opera con precisión de relojería. La rosa socialdemócrata del PLN, la bandera amarilla del Frente Amplio y el discurso ciudadano del PAC aparentan ser opciones distintas, pero cuando se rasca la superficie, emerge el mismo libreto: agenda LGTBIQ+, ambientalismo de pancarta, aborto como bandera y un anti derechismo visceral que sustituye las ideas por la indignación selectiva. No ofrecen un modelo de país; ofrecen un catálogo de causas. No presentan soluciones; presentan enemigos. Es el reciclaje ideológico en su máxima expresión, cuando ya no se puede vender la utopía marxista, se empaqueta como sensibilidad progresista. El problema es que Costa Rica no necesita más predicadores morales; necesita gestores que entiendan de presupuesto, productividad y resultados.

Hace cuatro décadas, la izquierda (en su versión clásica) era discutible pero reconocible. Tenía un eje duro, la economía política. Hablaba de clases sociales, propiedad, trabajo, capital, distribución y explotación. Sus autores fundacionales (Marx, Engels, Lenin, Gramsci) servían como gramática de diagnóstico y promesa. El problema es que el siglo XX, con su brutalidad estadística, desarmó la utopía. Los regímenes que se proclamaron socialistas o comunistas no parieron emancipación, parieron aparatos autoritarios, censura, partido único y élites extractivas. No abolieron el privilegio; lo administraron con mano de hierro. De la URSS a Cuba, de Corea del Norte a Venezuela, la historia ha sido implacable con el experimento colectivista.

Y aquí viene lo más revelador. Quienes lideraron esas “revoluciones del pueblo” terminaron convertidos en lo que supuestamente combatían. Los Castro dejaron un patrimonio estimado en cientos de millones de dólares. Maduro, el antiguo chofer de autobús, hoy preside desde la cárcel un emporio familiar mientras su pueblo huye por millones. Los Ortega en Nicaragua administran el país como finca privada. Putin, el heredero del aparato soviético, encabeza una orgía de oligarcas que haría sonrojar a cualquier zar. El patrón es idéntico: revolucionarios de discurso que terminan como plutócratas de facto. La revolución, al parecer, siempre ha sido un negocio rentable para quienes la dirigen.

La mutación posterior fue estratégica. Una parte relevante de esa izquierda abandonó el lenguaje
de la estructura económica y abrazó el lenguaje de la identidad, el reconocimiento, el ambientalismo y los derechos como eje central. Nada de eso es ilegítimo en democracia. Lo problemático es la sustitución. Cuando el eje cultural se usa para evitar el eje material, la política deja de ser propuesta y se vuelve tribunal moral. Allí nace el socialista de caviar, ese que denuncia el sistema con excelente dicción, pero jamás renuncia a sus dividendos. En Costa Rica, además, suele venir con un ingrediente adicional, el jamón serrano de la vida cómoda, la coherencia flexible y la moral acomodadiza con buen champán

Y hablando de moral acomodadiza, observemos la selectividad indignada de esta nueva izquierda. Gritan desaforados por los palestinos muertos en Gaza (lo cual es legítimo), pero guardan sepulcral silencio ante los miles de iraníes asesinados por un régimen teocrático que ejecuta mujeres por no usar velo. Marchan contra el imperialismo estadounidense, pero aplauden a Putin mientras bombardea Ucrania. Denuncian a Milei como “fascista” mientras abrazan a Maduro, cuyo régimen ha documentado más de 15.000 ejecuciones extrajudiciales. Es una indignación con GPS ideológico, sabe perfectamente hacia dónde apuntar y hacia dónde mirar para otro lado. No es ética; es cálculo.

El PLN se auto presenta como socialdemócrata, pero se comporta como maquinaria atrápalo todo. La rosa no desaparece, se usa. Se saca cuando conviene y se guarda cuando estorba. Un partido que fue fundado con la promesa de un Estado social ahora opera como franquicia electoral sin manual de operaciones. El Frente Amplio se define sin rodeos como socialista, feminista y ecologista, pero su talón de Aquiles aparece cuando la superioridad moral sustituye a la ingeniería de políticas públicas. Más sermón que solución. El PAC (o mal llamada coalición ciudadana ahora), por su parte, construyó su marca alrededor de la ética y la agenda de derechos, pero dejó el país sumido en parálisis administrativa durante ocho años, con dos de los peores gobiernos de la historia moderna del país. Una colección de valores no equivale a un modelo de país. Las sociedades no se administran con adjetivos; se administran con instituciones, incentivos, presupuesto, productividad y ejecución.

El punto de fondo es más incómodo, y por eso se esquiva. En Costa Rica, durante los últimos tres gobiernos previos a Rodrigo Chaves (uno del PLN (2010-2014) y dos del PAC (2014-2022)) el país no vio un proyecto de transformación estatal coherente, sino una mezcla de promesas con resultados tibios, un Estado crecientemente caro y una ciudadanía cada vez más escéptica. Mientras tanto, en la Asamblea Legislativa, las fracciones de PLN, Frente Amplio y PAC han mostrado coincidencias recurrentes en agendas y enfoques, con apoyos cruzados y discursos que suenan como variaciones del mismo texto.

Ese es el verdadero triunvirato. No uno formal, sino uno práctico, hecho de guiños, prioridades compartidas y selectividad estratégica. Se dramatizan batallas identitarias porque movilizan rápido y cuestan poco. Se evita la discusión dura sobre productividad, empleo formal, evaluación del gasto, reforma del Estado, seguridad ciudadana y calidad educativa, porque ahí se exigen números, plazos y renuncias reales. Se gobierna el debate, no el país. El resultado, pues una izquierda boutique y una socialdemocracia de vitrina, ambas eficaces para criticar y pobres para ejecutar.

La evidencia reciente añade un contraste incómodo para esa trilogía. El Fondo Monetario Internacional reportó que el crecimiento real ha promediado por encima del 5% anual desde 2021 y que la deuda pública cayó 8 puntos porcentuales hasta situarse por debajo del 60% del PIB. El INEC informó una reducción estadísticamente significativa de la pobreza a 15,2% en 2025, el nivel más bajo en quince años. Los datos, en efecto, hablan. Y hablan en un idioma que incomoda a quienes preferían el estancamiento como argumento electoral. (FMI, Artículo IV 2025; INEC, ENAHO 2025).

El reciclaje ideológico es cómodo porque evita la rendición de cuentas. Permite hablar de principios mientras se ocultan costos, hablar de derechos mientras se elude la capacidad estatal para garantizarlos, hablar de cambio mientras se protege el mismo ecosistema de privilegios políticos. Costa Rica merece otra cosa. Merece partidos que presenten un modelo completo, verificable, disruptivo y financieramente responsable. Que digan qué Estado quieren, cuánto cuesta, quién paga, qué se recorta, qué se protege y en qué plazo. Sin esa respuesta, las tres máscaras seguirán disputándose el mercado de símbolos, mientras Costa Rica necesita gestores, no predicadores. ¡En las próximos elecciones el electorado tendrá la opción de enterrar por siempre a estos malos actores!

El autor es máster, politólogo, académico universitario y ex Director del Departamento de Desarrollo
Estratégico Institucional de la Asamblea Legislativa de Costa Rica

Nota editorial – MUNDO ACR

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