Álvaro Ramos y el dólar: ¿Promesa o falacia económica?.

¿Beneficio para los costarricenses o para los grandes poderes?
En el complejo tablero de la economía costarricense, el tipo de cambio del dólar es una variable que afecta a cada ciudadano. Ante la caída del dólar, Álvaro Ramos, candidato del Partido Liberación Nacional (PLN), ha declarado que el tipo de cambio debería estar “bastante más arriba”, argumentando que esta medida beneficiaría a sectores clave como el exportador y el turismo. Sin embargo, un análisis riguroso y libre de tintes políticos revela que esta promesa es una falacia económica que, de aplicarse, no traería prosperidad general, sino que encarecería la vida de la inmensa mayoría de la población para favorecer a un sector minoritario.
1. El verdadero beneficiario: una estrategia para pocos
La propuesta de Ramos se presenta como una solución para “mantener la viabilidad del productor local” y reactivar la economía. En esencia, un tipo de cambio más alto significa que las empresas que reciben sus ingresos en dólares (exportadores, el sector turismo) obtienen más colones por cada dólar, aumentando sus ganancias. Esto, en principio, podría favorecer su competitividad.
Sin embargo, esta aparente solución es un beneficio concentrado en unos pocos. El 90% de los costarricenses recibe sus ingresos en colones. Un aumento en el tipo de cambio no solo no beneficia a la gran mayoría de la población, sino que la expone a un riesgo económico severo.
2. El costo silenciado: La carga para la mayoría
La propuesta de Ramos omite intencionalmente las devastadoras consecuencias para el ciudadano común que no vive de las exportaciones o el turismo:
- Pérdida de poder adquisitivo: Costa Rica es un país altamente dependiente de las importaciones. Un dólar más caro encarecería de inmediato productos básicos como alimentos (arroz, frijoles, harina), combustibles, productos de tecnología y medicamentos. Esto dispararía la inflación y, en la práctica, reduciría el salario real de todos los que ganan en colones.
- Encarecimiento de la deuda: Una porción significativa de las deudas de los costarricenses (hipotecas, préstamos de vehículos, tarjetas de crédito) está en dólares. Un aumento en el tipo de cambio obligaría a estas familias a destinar una mayor cantidad de sus salarios en colones para pagar la misma deuda, aumentando el riesgo de incumplimiento y empujando a la gente a la pobreza.
3. La mala gestión vs. la protección económica
Ramos califica de “mala gestión” las decisiones del Banco Central de Costa Rica (BCCR) que llevaron a la baja del dólar. Esta afirmación carece de un fundamento serio y es un intento de politizar una decisión técnica.
La realidad es que la baja del dólar no fue un “sesgo” político, sino el resultado directo de una política monetaria responsable y necesaria. Ante la escalada de la inflación global, el BCCR actuó con determinación para proteger a la economía. Las acciones tomadas, como el aumento de la Tasa de Política Monetaria, tenían un objetivo claro y por mandato legal: mantener la estabilidad de los precios. Estas medidas evitaron que la inflación se descontrolara, salvaguardando el poder adquisitivo de todos los costarricenses, no solo de un sector. Culpar a una “mala gestión” de una medida que protegió a la mayoría es un intento de reescribir la historia macroeconómica reciente.
Un espejismo de prosperidad con un costo masivo.
La propuesta de Álvaro Ramos de buscar un tipo de cambio más alto es un claro ejemplo de un espejismo de prosperidad. Se presenta como una solución para los problemas económicos del país, pero en realidad es una política regresiva que beneficia a un sector de la economía (exportadores, turismo) a costa de la inmensa mayoría de la población.
Un tipo de cambio más alto no es un camino hacia la prosperidad para todos. Es una medida que concentra las ganancias en unos pocos y socializa los costos a través de una inflación más alta y deudas más caras para los ciudadanos comunes.
El votante costarricense debe entender que detrás de esta promesa, que parece simple y atractiva, se esconde una falacia económica que podría tener un impacto devastador en sus bolsillos.

