Arias: El vendedor de humo y la herencia maldita de Limón.
En un país donde el crimen organizado se ha vuelto paisaje y la pobreza una epidemia, el presidente de la Asamblea Legislativa, Rodrigo Arias, se presenta en Limón como un profeta de la moral, advirtiendo sobre las “amenazas del populismo autoritario”. Lo que don Rodrigo olvida, o pretende que olvidemos, es que las amenazas que hoy enfrentamos no son un fenómeno espontáneo, sino la cosecha de décadas de inacción y decisiones políticas, muchas de ellas tomadas bajo la sombra de su propio partido y sus aliados.
Arias clama que “no se puede normalizar que niños sean asesinados mientras duermen”. Una frase poderosa, cargada de emoción. Pero, ¿quién normalizó la impunidad y la desigualdad que llevaron a Limón a este punto de quiebre? La respuesta no está en discursos grandilocuentes, sino en los hechos. El modelo de país impulsado por las élites políticas que él representa no solo marginó a Limón económicamente, sino que también permitió la infiltración del crimen mientras se miraba hacia otro lado.
El señor Arias menciona que han aprobado “más de tres docenas de leyes para fortalecer la lucha contra el crimen”. A esto, la ciudadanía responde con una pregunta: si tienen tantas leyes, ¿por qué la situación empeora? La ironía es que, mientras Arias defiende la “institucionalidad”, es esa misma institucionalidad, con un Poder Judicial a menudo criticado por su lentitud y por una percepción de condescendencia con los criminales, la que libera a los delincuentes a pocas horas de su captura. Los discursos de Arias son para justificar la inacción de una clase política que ha gobernado por décadas.
Arias habla de la necesidad de “inversión social” y “oportunidades”, pero ¿dónde estaban las “soluciones serias” cuando las estructuras de JAPDEVA se desmantelaron para entregar la gestión de la principal terminal de contenedores a APM Terminals? Esa decisión, respaldada por la clase política a la que Arias pertenece, despojó a la provincia de su principal motor económico y la dejó con un futuro incierto. El presidente de la Asamblea se presenta como el solucionador de un problema que él y sus aliados ayudaron a crear. Es el bombero que llega a la escena del incendio y critica la forma en que el fuego está ardiendo, a pesar de que él mismo ayudó a encender la chispa.
Cuando Arias advierte sobre las “ocurrencias” en la gestión económica, parece olvidar que el país se ha endeudado por miles de millones de colones en préstamos con tasas de interés irrisorias, y que estas deudas han recaído sobre la espalda del pueblo. Su discurso es un acto de prestidigitación: mientras nos distrae con el espectro del “populismo”, el verdadero problema es la herencia de un sistema que ha beneficiado a unos pocos a costa del bienestar de la mayoría.
La gente ya no se come el cuento. Su discurso no es un llamado a la unidad; es un intento desesperado de desviar la atención de su propio fracaso y el de su partido.
✍️ Crítica por Aníbal Newman


Rodrigo Arias Sánchez fue el que entrego el puerto de limón a la APM el fue el que negocio con el sindicato en favor de los inversionistas y en contra de limón
Este señor si es que se le puede llamar asi, cree que los Costarricenses estamos desinformafos o somos tontos. Rigo arias no insilte mi inteligencia. Ya que nunca ha tenido respeto por el pueblo, no insulte la inteligencia de los que sabemos lo que son ustedes. Unos poquitos le creerán por desinfirmadoa pero u % muy bajo
Representante de una legión de pillos que se pasan de car’e barros. Todos cobijados con la misma bandera de esa factoría de corrupción. Lo más enigmático resulta que a este verdadero presente seguimos viendo una pléyade de borregos que deliran por ser cogidos y recogidos ya no sólo por partida doble. Es ciertamente obsesivo.
Me gustó el artículo hasta que tocó el tema de Japdeva. Era una argolla. Ahora apm por lo menos le da plata a Limón, varios millones de dólares, pero el sindicato de Leroy se repartía todo lo que producía su ineficiencia y no invertía nada pal pueblo.
Guiebrelon a ese gargolio