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Descaro de Claudia Dobles: Una candidata fuera de la realidad.

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En un país donde la memoria es tan corta como un verano lluvioso, la candidata presidencial Claudia Dobles emerge como la única esperanza de un partido que la ciudadanía, con votos y a conciencia, ya había enterrado. Su discurso, más que una propuesta, es una clase magistral de cómo reescribir la historia para evadir responsabilidades. Con la seriedad de quien acaba de descubrir el agua tibia, Dobles nos invita a creer que el Partido Acción Ciudadana (PAC) “se comió realmente la bronca” de hacer lo correcto. A esto, el ciudadano de a pie solo puede responder con una mezcla de sarcasmo y un amargo recordatorio de lo que realmente sucedió.

El ‘acto heroico’ de la bronca que sirvieron a la mesa

El primer punto de su defensa es que el gobierno de su esposo, Carlos Alvarado, asumió el costo político de una reforma fiscal necesaria. Un argumento que, si se analiza con objetividad, se desmorona. La “bronca” que se comió el PAC no fue un plato de austeridad responsable, sino un menú de escándalos y decisiones nefastas que el país aún digiere. Se le olvida mencionar la creación de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD), un burdo intento de espiar a los costarricenses con fines políticos. Esto no fue una “bronca necesaria”, fue una violación a la privacidad, una afrenta a la institucionalidad que el PAC juró defender. ¿Es ese el tipo de “cosas responsables” a las que se refiere?

Y no se detiene ahí. Hablar de responsabilidad sin mencionar el crecimiento descontrolado de la deuda pública, que alcanzó niveles históricos durante la administración PAC, es, en el mejor de los casos, una falta de honestidad. Mientras el gobierno se jactaba de hacer una reforma fiscal, la deuda seguía creciendo, ahogando al país y dejando una pesada hipoteca a las futuras generaciones. La “bronca” que se comieron fue, en realidad, una fiesta que la ciudadanía pagó con recortes, desempleo y una economía al borde del colapso.

Las ideas ‘poderosas’ de un partido desaparecido

Dobles insiste en que las ideas del PAC siguen “tan vigentes al día de hoy” y que el partido simplemente “se equivocó”. Este es, quizás, el punto más contradictorio de su discurso. Si las ideas de una “Costa Rica de oportunidades” son tan poderosas, ¿cómo es posible que el partido que las enarbolaba fuera borrado de la geografía política del país? El fracaso del PAC no fue un error de comunicación ni una falla técnica; fue un rechazo masivo y consciente de los ciudadanos que vivieron en carne propia las consecuencias de esas “ideas”.

Hablar de “humildad” y “proceso de reflexión” suena a excusa para justificar una derrota monumental. El ciudadano no le votó en contra al partido por una “mala comunicación”, sino por la desconexión total que sintió del gobierno. La gente no dejó de creer en las ideas; dejó de creer en el partido que las ejecutó de forma tan deficiente. La crítica no es hacia las ideas, sino hacia los resultados de la gestión del PAC.

El chivo expiatorio y la historia que se niega a morir

El discurso de Dobles concluye con una crítica a Rodrigo Chaves por “no pasar a las acciones”, una ironía que roza el humor negro. El gobierno del cual ella formó parte fue precisamente señalado por su falta de acción en temas de seguridad, infraestructura y la creación de empleo de calidad. Con los datos históricos en la mano, podemos afirmar que la administración de Carlos Alvarado, su esposo, fue vista como un gobierno de “diagnósticos” y discursos, pero no de soluciones reales. Ahora ella, la arquitecta de ese mismo proyecto, nos pide que creamos que ella sí lo hará.

El discurso de Claudia Dobles es un acto desesperado por revivir un cadáver político. No es una propuesta renovada; es el mismo guion de siempre, adaptado para un nuevo público. Su retórica, cargada de excusas y frases hechas, no es capaz de tapar los hechos nefastos de la historia del PAC. La “bronca” que se comió el gobierno de Carlos Alvarado no fue un acto de valentía, sino el resultado inevitable de su propia mala gestión. Los ciudadanos no se tragan el cuento, porque el cuento es tan viejo como el descaro político.


✍️ Crítica por Aníbal Newman