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“Escáneres vs. Opinión con veneno”.

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Por Cattaleya Mendieta.

Escáneres, escándalos y escaramuzas: la otra cara del discurso de Armando González.

Costa Rica enfrenta una de sus mayores batallas contra el crimen organizado, y como parte de esa ofensiva, se han tomado medidas históricas como la instalación de escáneres en puertos clave, el fortalecimiento de los controles fronterizos y una ofensiva más frontal contra el narcotráfico. Sin embargo, mientras el país intenta salir del atolladero, algunas voces conocidas del viejo establishment mediático insisten en desprestigiar los esfuerzos actuales, repitiendo el mismo libreto que usaron para justificar la inacción durante décadas.

Uno de esos discursos reaparece bajo la pluma de Armando González Rodicio, exdirector del diario La Nación, quien ahora escribe desde CRHoy como supuesto defensor del “rigor informativo”, pero cargando un discurso envuelto en tecnicismos, sarcasmos cuidadosamente empaquetados y omisiones estratégicas. Opinión: No hay soluciones mágicas

Un discurso con memoria selectiva

González sostiene que la promesa del Gobierno de frenar el narcotráfico mediante escáneres es ilusoria y exagerada. Parte de una verdad innegable: ningún puerto del mundo revisa el 100% de la carga. Pero lo que oculta es más importante: Costa Rica pasó de revisar menos del 5% a inspeccionar cerca del 50% de los contenedores en Moín, una mejora sustancial que ningún gobierno anterior había siquiera intentado. ¿Eso no merece ni una mención?

En su artículo, minimiza los escáneres como si fueran juguetes inútiles y desestima los decomisos hechos gracias a ellos. Curiosamente, cita a medios europeos para hablar de cargamentos que lograron pasar, pero omite que muchos de esos decomisos fueron posibles precisamente gracias al uso de la tecnología instalada, al rastreo internacional y al trabajo interagencial.

No es ingenuidad. Es estrategia discursiva.

¿Qué está haciendo exactamente en este artículo?

  1. Minimiza el valor de los escáneres, no desde el conocimiento técnico, sino desde un sesgo claro: quiere mostrar que el gobierno de Rodrigo Chaves exagera y es ineficaz.
  2. Planta una narrativa de fracaso, usando el clásico recurso de comparar promesas políticas con resultados de casos específicos, como si un escáner tuviera el poder de ser omnipotente y detectar toda cocaína camuflada en harina de yuca. Un razonamiento claramente malintencionado.
  3. Intenta ridiculizar la política de seguridad no solo desde los datos, sino usando frases irónicas como “hoja de parra”, “expectativas irreales”, o “bautizo publicitario” para cargar el texto con desdén disfrazado de objetividad.
  4. Desvaloriza el trabajo policial y la tecnología usada, con el objetivo de dejar a la gestión de seguridad del gobierno como un show sin resultados, cuando en realidad los escáneres sí han ayudado a realizar decomisos históricos, incluso en colaboración con Europa.
  5. Omite deliberadamente los resultados positivos de la “Operación Soberanía” y otros factores relevantes como la capacitación de personal, la cooperación internacional o las reformas de control fronterizo, todo para crear una percepción de fracaso total.

Técnicas discursivas maliciosas en la opinión de Armando González Rodicio :

  • Verdades a medias: sí, es cierto que ningún puerto del mundo revisa el 100% de la carga, pero no dice que Costa Rica pasó de menos del 5% de revisión a casi el 50%, lo cual es un avance brutal. Lo calla porque eso no sirve a su narrativa destructiva.
  • Uso selectivo de datos internacionales: menciona el diario Bild y las operaciones conjuntas con Europa solo para remarcar lo que “no funciona” en Costa Rica, ignorando que las detenciones se logran precisamente gracias a la colaboración e intercambio de información potenciado por los escáneres y los operativos recientes.
  • Descalificación del discurso presidencial con burla: se ríe del mensaje de Chaves, pero no ofrece ninguna propuesta concreta ni admite que en años anteriores, con otros gobiernos, ni siquiera había escáneres, ni voluntad de revisión masiva.

Críticas cargadas de sarcasmo, sin una sola propuesta

El texto de González no ofrece una propuesta técnica, ni una salida constructiva. Su columna no es una crítica informada, sino una pieza política envuelta en papel de “opinión imparcial”. Le dice al lector, entre líneas: “el Gobierno fracasó”, “la operación es un show”, “los escáneres no sirven”, pero jamás explica qué se debería hacer en lugar de eso. Y lo más grave: tampoco reconoce que por años, cuando él mismo dirigía uno de los medios más influyentes del país, no se dijo nada sobre la ausencia total de control tecnológico en puertos clave.

¿Crítica técnica o vendetta ideológica?

Al acusar al gobierno de crear “expectativas irreales” y llamar “hoja de parra” a una operación de seguridad nacional, González no solo ridiculiza un esfuerzo de Estado, también desvaloriza el trabajo de cientos de oficiales y técnicos que se juegan la vida en una lucha desigual contra estructuras criminales transnacionales.

Pero ese parece ser el propósito: menospreciar los avances del presente para justificar el silencio del pasado.

Recordemos: cuando el país era una alfombra para el paso de toneladas de cocaína y ni siquiera se hablaba de escáneres, ¿Dónde estaba la indignación de estos opinó logos de salón? Hoy critican lo que nunca construyeron y lo hacen desde medios que llevan años sentados en la misma mesa que los poderes fácticos. Medios que ahora lloran por la pauta publicitaria, medios tradicionales que pasan 24/7 tirando misiles balísticos disfrazados entre líneas editoriales.

El periodismo que juega a perder

Es legítimo criticar, claro. Pero cuando la crítica nace del resentimiento, la omisión de contextos, la manipulación semántica y la protección de un statu quo mediático, no estamos ante periodismo: estamos ante propaganda bien redactada, y mas cuando hay intereses de por medio.

González y otros voceros tradicionales no buscan fortalecer la democracia ni alertar a la ciudadanía. Buscan mantener el control del relato, ese que les permitió durante años acomodarse en sus trincheras editoriales mientras el país se desangraba por la corrupción, la impunidad y el crimen organizado.

Este artículo de Armando González no es una opinión informada ni un aporte técnico a la discusión pública. Es un ataque político elegante y disfrazado con datos fuera de contexto, sarcasmo y verdades incompletas, dirigido a desacreditar los esfuerzos de seguridad actuales y alimentar la narrativa del “todo va mal” promovida por la vieja guardia.

Su motivación está clara: derribar cualquier avance que venga de un gobierno que no le baila el agua a la élite mediática. Y lo hace desde CRHoy, en donde también la señora Chinchilla sale semana tras semana con discursos de “trinchera cívica” mientras tiene el historial de la Trocha sobre sus hombros.

Hoy que hay escáneres, operativos visibles, cooperación internacional y voluntad política de actuar, el miedo ya no es al narco: es a perder la narrativa.