Hidalgo y el PUSC: ¿Seguridad o más de lo mismo, reciclado?.
Desde las mazmorras del oportunismo político nos habla Juan Carlos Hidalgo, el flamante candidato del PUSC, ese partido que debería estar inscrito en el Registro Nacional como patrimonio fósil del clientelismo. Con su pose de tecnócrata reciclado, Hidalgo lanza su discurso de “seguridad y mucho más” como si acabara de descubrir que el país se hunde en sangre. Y viene con cara compungida a contarnos que Costa Rica ya no es la “Suiza de Centroamérica”. ¡Qué perspicacia, doctor! Solo tardó 20 años en darse cuenta. ¿Qué sigue? ¿Descubrir que los narcos no mandan cartas certificadas, sino que corrompen al Estado por dentro?
Su diagnóstico es tan obvio como insultante. El país está bajo fuego, sí. Pero no por falta de discursos, sino por exceso de ellos. Y lo suyo no es más que un “copy-paste” embellecido con diplomacia europea y promesas huecas. Viene a decirnos que el crimen es un monstruo transnacional, que hay que actuar en conjunto, que la represión debe ir de la mano con la educación… ¡Bravo! Una ovación de pie para repetir lo que lleva décadas en los informes de Naciones Unidas y que nunca, NUNCA, su partido aplicó mientras estuvo en el poder. Porque si algo ha hecho el PUSC es garantizarle al crimen organizado una pista libre pavimentada con impunidad, cortesía del Estado.
La Justicia Selectiva y el Cáncer de la Impunidad
Hidalgo dice que “el que la hace, la paga”. Mentira. Aquí el que la hace, la paga… solo si no tiene apellido rimbombante, cuenta en Suiza o conexión con un bufete de élite. El resto paga con su vida o su pobreza. Pero los peces gordos siguen en yates, no en cárceles. ¿Y por qué? Porque el verdadero cáncer de la seguridad nacional no está en los barrios marginales, sino en los juzgados, en los despachos legislativos, en los altos mandos podridos, en los pasillos del poder donde se negocia impunidad a puerta cerrada.
¿Y qué propone este apóstol de la mano dura? Reformas al Código Procesal Penal, más policías, tecnología de punta… ¡el catálogo completo del que quiere sonar serio sin tocar el núcleo podrido! Porque jamás lo vas a oír hablar de una Reforma Profunda del Poder Judicial, esa cloaca institucional que hoy más que juzgar, se dedica a archivar, proteger, y enterrar expedientes de los mismos que les financian campañas y almuerzos. Si Hidalgo de verdad quisiera “seguridad y justicia”, estaría exigiendo una cirugía mayor al sistema judicial, no maquillando las penas como si un nuevo párrafo en el código penal fuera a detener una ejecución en Desamparados.
La Hipocresía del PUSC y la Falsa Promesa de Seguridad
Ah, pero eso no se dice. Porque eso implica enfrentarse a la aristocracia judicial, a esos jueces vitalicios, cómplices de la inacción, que no rinden cuentas, que liberan criminales con tecnicismos y duermen expedientes mientras los muertos se amontonan. Hidalgo no quiere tocar esa mafia. Prefiere mandar policías a patrullar puertos con europeos en uniforme. Como si la seguridad nacional fuera un episodio de “Misión Imposible”, versión tropical.
¿Y qué hay de su moralina de que “los políticos vivazos le hacen el trabajo al narco”? ¿Tiene idea de en qué partido está? ¡El PUSC es la universidad de los vivazos! Un partido con más prontuariados que propuestas. ¡Por Dios! Hablar de corrupción desde el PUSC es como dar clases de vegetarianismo en una carnicería.
Juan Carlos Hidalgo es el perfecto ejemplo del político con ínfulas de tecnócrata, pero con el alma untada de esa misma hipocresía estructural que nos trajo hasta aquí. Viene con su sonrisa de conferencia internacional, mientras el país está ardiendo en llamas que su propio partido ayudó a encender con décadas de abandono, exclusión y complicidad.
No necesitamos más diagnósticos cobardes ni más soluciones cosméticas. Lo que este país requiere es una limpieza profunda del sistema judicial, del Ministerio Público, de las fiscalías politizadas, y de los jueces que hoy se comportan más como notarios del poder que como defensores de la justicia. Y eso, señor Hidalgo, no se arregla con un paseo por Europa ni con promesas de campaña. Se arregla con voluntad, con huevos… y sin hipocresía.
CRÍTICA POR ANÍBAL NEWMAN

