Marvin Taylor y su “sueño costarricense” de guion reciclado.
Marvin Taylor-Dormond, el nuevo abanderado del Partido Liberación Nacional (PLN), se presenta como el héroe mesiánico que Costa Rica aparentemente no pidió, pero que él está convencido de que necesita. Con un discurso que parece extraído de un cruce entre un manual de autoayuda y las fantasías de grandeza de un “hombre del sombrero loco”, Taylor nos invita a soñar con un país de cuento, donde el PLN es la varita mágica que solucionará todos los problemas mientras ignora cómodamente las décadas de errores políticos que su propio partido protagonizó.
Taylor proclama con orgullo que “no podemos imaginar los últimos 75 años de Costa Rica sin el PLN”, y tiene razón: no podemos, especialmente si queremos entender la raíz de muchos de los problemas que hoy enfrentamos. Con tono casi celestial, se adjudica las conquistas sociales del país como si fueran logros exclusivos de su “glorioso partido”, olvidando que esas instituciones surgieron con el esfuerzo de miles de costarricenses y no de una sola fuerza política que, irónicamente, en los últimos años ha estado más interesada en escándalos internos que en gobernar.
Entre sueños, guiones y promesas recicladas
Taylor habla de su niñez humilde y sus valores familiares con un sentimentalismo tan ensayado que parece salido de una mala telenovela. ¿Es este el mismo Marvin Taylor que, hasta hace poco, vivía rodeado del lujo corporativo en el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura en China? ¿El mismo que nos dice que “su país está primero” pero que solo decidió volver cuando había una candidatura presidencial en juego?
Su relato de sacrificio, renuncia y liderazgo es el equivalente político a un comercial de detergente: dramático, falso, y promete milagros imposibles. ¿Liderar el cambio? Taylor parece olvidar que el PLN lleva décadas siendo parte del problema, con administraciones que dejaron a Costa Rica atrapada entre la corrupción, la ineficiencia y la apatía política. Pero claro, según él, ahora es diferente porque él es “un soldado” que montará el “mejor vehículo”, el PLN, para rescatar al país. Si esto no es ironía pura, ¿qué lo es?
El PLN como “autor intelectual” de Costa Rica
Taylor asegura que el PLN es el “autor intelectual” del modelo costarricense. Es curioso que ese mismo partido haya sido también el autor intelectual de la privatización de servicios públicos, el deterioro del sistema educativo y el colapso de la confianza en la clase política. Pero no, Taylor prefiere ignorar esos pequeños detalles mientras nos promete justicia social y progreso, palabras que suenan muy bien en un podio, pero que han sido sistemáticamente abandonadas por el mismo partido que él ahora idolatra.
La ironía de la meritocracia
Uno de los puntos más desconectados del discurso es su exaltación de la meritocracia. Taylor, quien ocupó una posición privilegiada en un banco internacional, parece creer que todos los costarricenses tienen acceso a las mismas oportunidades que él. ¿Ha recorrido últimamente las escuelas rurales? ¿Ha visto las listas de espera de la CCSS o el desempleo juvenil? Hablar de meritocracia desde un pedestal es como intentar convencer a alguien de que las nubes son de algodón mientras se ahogan en un aguacero.
Sarcasmo final: “El cambio está aquí”
Taylor cierra su declaración con una frase digna de un póster motivacional: “Estoy aquí para liderar el cambio”. La pregunta es, ¿qué cambio exactamente? ¿El cambio que ignora los pecados del PLN? ¿El cambio que promete movilidad social mientras la desigualdad sigue creciendo? ¿O el cambio que consiste en entretenernos con discursos llenos de lugares comunes mientras la realidad sigue siendo la misma?
Al final, Marvin Taylor no es más que otro político disfrazado de salvador, con un discurso gastado y un partido que ya no inspira más que nostalgia a algunos y decepción a muchos. Costa Rica no necesita más palabras huecas; necesita acciones reales. Hasta entonces, todo lo que nos queda de esta precandidatura es un mal guion que mezcla el sarcasmo de una obra de teatro con las ironías de la política costarricense.