Subscribe

Ocaso partidario: la oposición sin doctrina, sin agenda y sin norte.

6 minutes read
781 Views
Por M.Sc. Milton Madriz Cedeño
Politólogo y experto en gobernanza y función pública

Costa Rica está viviendo un espectáculo digno de la comedia política más burda, en la que
la oposición se ha convertido en una caricatura de sí misma. No hay debate, no hay propuestas, solo gritos vacíos, ataques de pánico y estrategias de obstrucción. Los partidos tradicionales han dejado de ser los mediadores entre la sociedad y el poder. Han renunciado a su tarea más elemental: ofrecer ideas, identidad, programas claros y, sobre todo, responsabilidad. Como advertía Sartori, sin partidos sólidos, sin doctrinas consistentes, lo que queda es el ruido, la facción y la total quiebra de la representación.

Lo más revelador, sin embargo, es que este desastre ya no se debate en cafés políticos, sino
que se mide en números. Según la encuesta de OPol (5 al 8 de diciembre de 2025, muestra de 2.965 personas, margen de error ±2,24% y 95% de confianza), Laura Fernández lidera con un 38,01% entre los votantes decididos, mientras que el resto de candidaturas queda muy atrás. Álvaro Ramos, por ejemplo, apenas alcanza el 6,12%. Lo más grave es el 32,67% de indecisos, lo que desnuda la carencia absoluta de una propuesta real que entusiasme al electorado. El panel del CIEP UCR (1.759 entrevistas telefónicas, del 19 al 26 de noviembre, error muestral ±2,3%) confirma este escenario. Laura Fernández mantiene su liderazgo con alrededor de un 30%, seguida por Álvaro Ramos con 8%, y los indecisos se acercan al 45%, lo que representa el bloque más grande. A su vez, el estudio de IDESPO UNA refuerza el diagnóstico: la indecisión sigue siendo la tónica dominante, con un 43,9%, mientras que Laura Fernández lidera con un 32,8%.

¿Qué nos dicen estos datos? Que no existe una “oleada opositora”. La mayoría de los costarricenses aún no se deciden, no por falta de alternativas, sino porque lo que la oposición ofrece es lo mismo de siempre, con el añadido de una retórica vacía y oportunista. Este “anti-chavismo” exacerbado y perverso que se ha convertido en su único mensaje no es una estrategia; es una pobreza intelectual absoluta. Reducir la competencia política a un ataque visceral y enfermizo, esperando que la gente lo confunda con un proyecto de Estado, es una trampa peligrosa. Ahora, vayamos por partes, como quien desarma un reloj suizo para entender cómo se construye el fraude.
El PLN, antaño referente de la socialdemocracia, hoy se ha convertido en una franquicia electoral que lucha por sobrevivir en el pasado. Ha olvidado su fundación ideológica (la de la mano con la rosa) y, lo que es peor, su conexión con la ciudadanía. Los escándalos de rechazo a este partido aumentan, y no es para menos: su desprestigio se ha cimentado en la traición de sus propios principios y el desdibuja miento de lo que una vez representó.

El PUSC, que se había erigido como el heredero de una doctrina social cristiana, ha mutado en un club pragmático, que negocia poder sin ningún escrúpulo. En tiempos en que la inseguridad y la alta inflación exigen reformas estructurales, el PUSC se limita a ser un administrador de cuotas, perdiendo completamente el rumbo. El PAC, en su momento una promesa ética, hoy está reducido a un cadáver político. Su historia es la de una caída estrepitosa: comenzó con un supuesto compromiso con la ética y
terminó como una advertencia de lo que sucede cuando la arrogancia intelectual y la falta
de gestión se encuentran.

Por otro lado, el Frente Amplio ha perdido su coherencia ideológica. Lo que alguna vez fue un espacio combativo por los derechos de los trabajadores, ha sucumbido a una agenda cultural importada. Hoy, su “izquierda woke” se ha alejado completamente de los problemas reales de la gente, como la seguridad, la educación y la salud.

Y los libertarios, que se llenan la boca con promesas de reducir el Estado, son tan estatistas
como el resto cuando les conviene. La incoherencia es tal que se les ve más como un
marketing electoral que como un proyecto genuino de libertad. La Asamblea Legislativa se ha convertido en la vitrina de la orfandad política. No hay debate de ideas, solo un espectáculo vacío, donde las fracciones no tienen una propuesta ideológica coherente. En lugar de hacer control democrático, se reduce a una guerra de trincheras, sin un propósito claro.

De cara a 2026, la pregunta no es quién grita más fuerte, sino qué representa realmente cada
partido. Y la respuesta es dolorosa: nada. Son fantasmas de un pasado olvidado que no
tienen ni la capacidad ni la voluntad de ofrecer un futuro para Costa Rica.

Lo que el país necesita es una oposición seria, responsable, con propuestas claras, con
doctrina, con una visión de Estado. No más cascarones vacíos que se creen la alternativa
solo porque odian al adversario. Como bien señalaba Sartori, los partidos son la intermediación entre el pueblo y el poder, pero solo cuando tienen contenido. Lo demás es teatro, y Costa Rica ya ha pagado demasiadas veces por ver la misma obra del Circo de Moras.

El autor es máster, politólogo, académico universitario y ex Director del Departamento de Desarrollo
Estratégico Institucional de la Asamblea Legislativa de Costa Rica

Nota editorial – MUNDO ACR

Este artículo corresponde a una columna de opinión firmada.
Las valoraciones, juicios y enfoques expresados pertenecen exclusivamente a su autor y no representan necesariamente la posición editorial de MUNDO ACR.

Su publicación se ampara en el derecho a la libertad de expresión y de difusión del pensamiento, reconocido en el artículo 29 de la Constitución Política de Costa Rica, así como en el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que protege de forma reforzada el debate y la crítica sobre asuntos de interés público y actores políticos.

MUNDO ACR promueve el pluralismo, el análisis crítico y el debate democrático, sin asumir ni adoptar como propias las opiniones de sus colaboradores.