“Rayar, manipular: el manual de los que temen perder el poder”.

Rayar, ensuciar, infundir miedo: así actúan los que temen perder el poder.
Un día antes del “Banderazo a la Continuidad”, las bancas del Parque Morazán amanecen con grafitis insultantes. ¿Espontáneo? No. Esto es vandalismo político calculado, el viejo truco de quienes tiemblan ante un pueblo que ya no les cree.

Vandalismo simbólico: la primera línea del sabotaje político
Cuando la política se queda sin ideas, aparecen las latas de spray.
La madrugada del viernes 11 de julio, las bancas del Parque Morazán, lugar donde se realizará el Banderazo a la Continuidad liderado por la diputada Pilar Cisneros, amanecieron rayadas con mensajes ofensivos, incluyendo referencias al grupo terrorista peruano Sendero Luminoso. Un acto cobarde, anónimo y cargado de simbolismo: sembrar miedo justo antes de un evento masivo que busca darle continuidad al movimiento liderado por el presidente Rodrigo Chaves.
Esto no es coincidencia. Es una acción deliberada y premeditada, diseñada para generar confusión, asociar a los líderes con términos extremistas y buscar el rechazo emocional de la población.
Manual de estrategias de sabotaje: ¿quiénes las usan y por qué?
A lo largo de América Latina, los grupos más radicales, especialmente los de izquierda populista, han recurrido históricamente al vandalismo como forma de “resistencia simbólica”. Pero en realidad, es una forma de:
- Infundir temor en la población.
- Asociar al oponente político con figuras o grupos violentos o autoritarios.
- Deslegitimar eventos democráticos sin necesidad de debatir ideas.
- Distraer la atención de los verdaderos problemas o carencias del propio sector opositor.
En muchos casos, estos actos son impulsados por estructuras enquistadas en los medios, sindicatos, partidos tradicionales e incluso ONG afines al viejo régimen, disfrazado de institucionalidad y democracia. Que ven amenazado su dominio ante un liderazgo que conecta directamente con el pueblo y que no les rinde pleitesía.
¿Qué representan estas acciones en el contexto latinoamericano?
Los grafitis anónimos con insultos y consignas radicales en espacios públicos, justo antes de actos políticos, no son nuevos en América Latina. Se han utilizado históricamente para:
- Crear un clima de tensión e intimidación.
- Desacreditar movimientos emergentes.
- Impedir que las personas participen sin miedo.
- Instalar narrativas violentas sin asumir responsabilidad directa.
Los ejemplos abundan:
- En Venezuela, opositores al chavismo fueron señalados con mensajes amenazantes en sus casas y espacios públicos.
- En Argentina, durante campañas polarizadas, han aparecido pintas anónimas vinculando a políticos con dictaduras o ideologías extremas.
- En Chile, en vísperas de plebiscitos, han surgido grafitis con referencias a la “dictadura” de Pinochet para influir emocionalmente.
- Y en el Perú, el uso del nombre “Sendero Luminoso” como insulto político es una táctica desgastada pero efectiva para asociar ideas progresistas, populistas o incómodas con terrorismo, aunque no exista vínculo alguno.
¿Por qué justo ahora? Porque el poder tembló
El evento del sábado no es un mitin cualquiera. El Banderazo a la Continuidad representa la organización formal del movimiento que impulsa una agenda de transformación real, respaldada por el liderazgo de Rodrigo Chaves y su popularidad creciente.
Y eso aterra.
Aterra a quienes están acostumbrados a colocar diputados como piezas de ajedrez, a quienes no quieren perder sus privilegios, sus licitaciones, sus redes de influencia en instituciones públicas, medios de comunicación, universidades politizadas y sindicatos clientelistas.
Cuando ven que el pueblo se está organizando, no tienen más remedio que ensuciar, inventar, manipular… o rayar bancas.
No es la primera vez… ni será la última
Este tipo de tácticas no es nueva, y en Costa Rica ya hemos visto intentos similares:
- Campañas en redes con perfiles falsos (troles) que buscan asociar a los líderes del oficialismo con corrupción, dictadura o extremismo.
- Medios tradicionales “prensa canalla” publicando titulares sesgados, sin pruebas, como si fueran denuncias.
- Ataques personales disfrazados de “debate público”.
- Y ahora, vandalismo físico con mensajes cargados de odio, disfrazados de protesta ciudadana.
Cada vez que se acerca una decisión importante para el país, aparecen estas estrategias desesperadas. Es la prueba de que el cambio real duele… pero sólo a quienes se han beneficiado del sistema durante décadas.
Pilar Cisneros no se quedó callada
La diputada respondió con serenidad y firmeza:
“Pilar es lo mismo que jaguar. Qué dicha, me encanta ser un jaguar empoderado que quiero luchar por este país… Lo cierto es que hay miedo, hay temor. ¿Por qué? Porque la gran mayoría de este pueblo quiere la continuidad del gobierno de Rodrigo Chaves con una gran mayoría de diputados.”
Una respuesta clara y sin victimismo. Porque cuando se está del lado de la transparencia, no hay nada que temer.
¿Qué buscan con estos actos?
- Manipular emocionalmente al votante indeciso. Rayar con términos como “corrupta” o “Sendero Luminoso” busca generar un impacto psicológico negativo sin pruebas.
- Sabotear eventos democráticos. En lugar de asistir, cuestionar o debatir, se busca manchar el ambiente con miedo.
- Generar confusión en los medios. Que el tema del día sea el vandalismo, no la propuesta del evento.
- Desgastar la imagen de liderazgo. Porque saben que no pueden competir con su conexión con la gente.
- Asustar al ciudadano. Intentar que las personas no participen por miedo a conflictos.
Vandalismo no es disenso: es cobardía
Una democracia se construye con ideas, votos y participación. No con rayones, insultos ni estrategias oscuras que recuerdan lo peor de los movimientos radicales del continente.
Lo que vimos en el Parque Morazán no es protesta ciudadana: es un intento desesperado por frenar una fuerza política que se organiza con transparencia, con propuestas, con gente común que ya no se deja manipular.
Y eso molesta. Molesta a los que por años gobernaron desde las sombras. Molesta a quienes perdieron el monopolio de la narrativa.
Abramos los ojos: esta película ya la vimos
Rayar paredes es fácil. Lo difícil es construir país.
El pueblo costarricense debe ver más allá del grafiti y preguntarse:
¿Quién se beneficia de estos actos?
¿Por qué justo ahora?
¿Por qué tanto odio hacia quienes simplemente proponen un camino distinto?
La respuesta está a la vista: hay miedo. Y ese miedo se traduce en desesperación, y la desesperación, en vandalismo disfrazado de protesta.

