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Renovando la Esperanza en Costa Rica para el Año Nuevo.

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En esta temporada navideña, cuando los corazones se abren a la reflexión y la esperanza,
nos enfrentamos a un momento crucial en la historia de nuestra nación. La Navidad, tradicionalmente un tiempo para compartir con nuestros seres queridos, también nos invita a mirar más allá de lo inmediato, hacia el futuro que todos anhelamos construir para Costa Rica. Es un tiempo para renovar nuestras fuerzas, para revisar lo que hemos logrado y, sobre todo, para trazarnos nuevas metas que nos conduzcan a un futuro más próspero, justo y democrático.

Este 2026 no será un año cualquiera. En él, Costa Rica vivirá una de las decisiones más trascendentales en su historia reciente: la elección de nuestro próximo presidente constitucional. Este proceso no puede verse como una mera formalidad o como una oportunidad para que aquellos que han gobernado durante décadas sigan buscando perpetuarse en el poder. Este es un momento para reflexionar profundamente sobre el camino que queremos seguir, un momento para rechazar las promesas vacías que han sido la herramienta de quienes han vivido durante años de un sistema que favorece a unos pocos, pero que ha dejado a la mayoría en las sombras.

Hoy, el país se encuentra ante la oportunidad de romper con un ciclo de corrupción, desinformación y clientelismo que ha marcado nuestra historia reciente. A lo largo de los años, los partidos tradicionales han sido responsables de estructuras políticas anquilosadas, incapaces de ofrecer soluciones reales a los problemas de fondo que afectan a la ciudadanía. La promesa de cambio se ha repetido una y otra vez, pero la realidad es que el cambio nunca llegó. ¿Por qué? Porque estos mismos partidos, que ahora se presentan como los salvadores, son los mismos que han contribuido a mantener intacto un sistema que solo beneficia a los poderosos. Es hora de que los costarricenses abran los ojos. Es hora de entender que el futuro del país no está en manos de quienes siempre han controlado el sistema, sino en nuestras propias manos.

Costa Rica ya no puede seguir siendo cautiva de los grupos de poder que, durante años, han usufructuado de las redes de cuido y de las estructuras de privilegio que nunca fueron pensadas para el bienestar del pueblo. Estos grupos, que hoy se están desmoronando a medida que sus estructuras de poder caen a pedazos, ya no representan el futuro del país. Al contrario, representan el pasado, el mismo pasado que ha sumido a nuestra nación en la desigualdad, el clientelismo y la corrupción. Ellos han saltado del barco que se hunde, pero no porque su trabajo haya sido eficiente, sino porque saben que la Costa Rica que se avecina no es la que ellos querían. El cambio que tanto esperamos está a punto de llegar, pero dependerá de nosotros, de la participación activa de todos los ciudadanos, de nuestra
capacidad para romper con las cadenas del pasado y avanzar hacia un futuro diferente. Este es el llamado de Navidad: un llamado a la unidad, a la esperanza y, sobre todo, a la acción. Porque el futuro que queremos no se logrará esperando que las promesas de cambio se cumplan solas. El futuro de Costa Rica se construye con la fuerza de todos, con la energía y mente de cada costarricense en el proceso democrático. Y esa participación no debe limitarse al acto de votar, sino a un compromiso continuo con la justicia, la transparencia y la equidad. La democracia no es solo votar, es también cuestionar, exigir
respuestas y actuar frente a las injusticias que siguen siendo parte del día a día de muchos costarricenses. Es hora de que los costarricenses tomemos las riendas de nuestra nación y pongamos fin a los intereses mezquinos de aquellos que, por tanto tiempo, se han enriquecido a costa de la mayoría.

El 2026 no será solo el inicio de un nuevo ciclo electoral. Será el principio de una nueva era para Costa Rica, una era en la que el pueblo costarricense se erija como el verdadero motor del cambio.

La transformación que necesitamos no vendrá de los mismos de siempre, sino de nosotros, de nuestra capacidad para unirnos y exigir lo que es justo. No más impunidad.
No más privilegios para unos pocos. No más gobiernos que se alejan del pueblo, que solo
buscan su propio beneficio. El futuro de Costa Rica es nuestro, y depende de nosotros
decidir qué rumbo tomaremos. Es fundamental que entendamos que las elecciones del 2026 son solo una parte de este proceso de transformación. La verdadera revolución debe ser la del cambio en nuestra
mentalidad, en nuestra forma de relacionarnos con el poder, con la democracia, con el futuro. Debemos educarnos, informarnos, cuestionar lo establecido y exigir respuestas. La política debe dejar de ser un juego de intereses para convertirse en un verdadero instrumento al servicio del pueblo.

El cambio no será fácil, pero es necesario. Costa Rica tiene todo para ser grande, para volar tan alto como queramos, pero para eso debemos dejar atrás lo que nos ha limitado por tanto tiempo. Debemos romper las cadenas del pasado, deshacernos de las estructuras que nos atan y construir un futuro de esperanza, justicia y equidad. Solo así lograremos alcanzar la grandeza que todos soñamos.

Que esta Navidad sea un recordatorio de lo que hemos logrado como nación, pero también de lo que nos queda por hacer. Que nos inspire a ser mejores, a ser más valientes, a unirnos en torno a un proyecto común que nos lleve hacia un futuro lleno de prosperidad para todos. Costa Rica es nuestra, y juntos, sin importar nuestras diferencias, podemos hacerla grande. Es hora de actuar, es hora de cambiar. Costa Rica, el futuro depende de nosotros.

M.Sc. Milton Madriz Cedeño
Politólogo, experto en gobernanza y política pública.

El autor es máster, politólogo, académico universitario y ex Director del Departamento de Desarrollo
Estratégico Institucional de la Asamblea Legislativa de Costa Rica

Nota editorial – MUNDO ACR

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