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Vianey Mora defiende símbolo URSS.

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La diputada del Frente Amplio defendió portar la hoz y el martillo como emblema de luchas socialistas y comunistas, pese a la carga histórica de un símbolo ligado a uno de los regímenes más controvertidos del siglo XX.

En su primer discurso como diputada, Vianey Mora afirmó que frente al “autoritarismo y la injusticia” las personas trabajadoras no deben claudicar.

Horas después, la propia legisladora defendió públicamente el uso de un pin con la hoz y el martillo, símbolo históricamente asociado a la Unión Soviética y al comunismo internacional, y aseguró que no será la última vez que lo porte.

“No será la última ni la primera vez que lo porte”, declaró Mora.

La diputada explicó que para ella el emblema representa “la unión de los trabajadores del campo con los trabajadores de la ciudad” y sostuvo que es un símbolo que ha enarbolado “luchas socialistas y comunistas” en favor de la clase trabajadora.

Sin embargo, la hoz y el martillo no es un emblema laboral neutro ni un símbolo genérico del Día del Trabajador.

Aunque históricamente fue utilizado por movimientos obreros y socialistas, su significado político contemporáneo está particularmente ligado al movimiento comunista internacional y, de forma emblemática, a la Unión Soviética, donde se consolidó como símbolo oficial de uno de los proyectos ideológicos más influyentes y controvertidos del siglo XX.

La escena abre así un debate político inevitable.

Porque la hoz y el martillo no es un símbolo históricamente neutro.

Fue el emblema central de la Unión Soviética, régimen que marcó el siglo XX bajo una estructura de poder asociada históricamente con autoritarismo estatal, persecución política, censura, represión de la disidencia y graves violaciones a derechos humanos ampliamente documentadas por la historiografía contemporánea.

Eso no significa que toda persona que use ese símbolo respalde automáticamente cada episodio de ese pasado.

Pero sí significa que su utilización pública, y más aún su reivindicación expresa desde una curul legislativa, inevitablemente genera escrutinio sobre el mensaje político e histórico que proyecta.

La discusión se vuelve todavía más sensible cuando quien reivindica ese símbolo es la misma figura que, en su discurso inaugural, apeló precisamente a la lucha contra el autoritarismo.

En política, invocar conceptos de alto peso moral mientras se reivindican símbolos cargados de una historia profundamente controvertida no pasa desapercibido.

Porque cuando una figura pública decide hablar de autoritarismo, también queda expuesta a que la ciudadanía examine con qué símbolos, referentes y antecedentes elige identificarse.

Más allá de la interpretación ideológica que cada sector haga sobre el comunismo como corriente política, el hecho político concreto es otro.

Vianey Mora decidió inaugurar su etapa como diputada combinando un discurso contra el autoritarismo con la reivindicación explícita de uno de los símbolos más discutidos y polarizantes del siglo XX.

Y eso, inevitablemente, abre preguntas sobre coherencia histórica, simbólica y política.

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