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Irán no ganó la guerra, pero sigue influyendo en su resultado.

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Ormuz explica mejor el problema que los misiles.

POR MUNDO ACR | Historias que ayudan a entender el mundo.

Cuando comenzaron los ataques contra Irán, la lógica parecía sencilla.

Estados Unidos e Israel tenían más capacidad militar, más tecnología y una ventaja aplastante en el aire.

La pregunta era cuánto daño podían causar.

Meses después, la pregunta parece otra.

¿Qué ocurre cuando una potencia puede destruir objetivos, pero no consigue cambiar el comportamiento del país que intentaba presionar?.

Porque eso es lo que terminó revelando esta guerra.

Los ataques dañaron instalaciones.

Aumentaron los costos para Teherán.

Obligaron al régimen iraní a reorganizar parte de sus capacidades.

Pero no consiguieron sacar a Irán de la ecuación.

Por el contrario.

Hoy las negociaciones continúan.

Getty Images
Pie de foto,Las negociaciones entre Irán y EE.UU. continúan, pero Teherán se ha negado públicamente a ceder terreno.

Washington sigue calculando cada movimiento en función de la reacción iraní.

Israel sigue observando a Teherán como una amenaza estratégica.

Y los países árabes del Golfo siguen preocupados por las consecuencias de una nueva escalada.

Nada de eso parece el desenlace de un problema resuelto.

El error de mirar únicamente la fuerza.

Durante décadas, gran parte de la política internacional se construyó alrededor de una idea simple.

El poder pertenece a quien puede imponer su voluntad.

Quien tiene más dinero.

Más tecnología.

Más soldados.

Más capacidad de castigo.

Bajo esa lógica, el desenlace parecía relativamente predecible.

Irán recibiría presión suficiente para aceptar condiciones que antes rechazaba.

Pero la realidad resultó más complicada.

Porque la guerra dejó al descubierto una diferencia que suele pasar desapercibida.

Destruir capacidades no es lo mismo que modificar voluntades.

Estados Unidos podía golpear objetivos iraníes.

Lo demostró.

Lo que no logró demostrar fue que esos golpes bastaban para producir el resultado político esperado.

El poder que sobrevive a los bombardeos.

Irán no ganó la guerra.

No expulsó a Estados Unidos de Medio Oriente.

No derrotó militarmente a Israel.

No salió fortalecido económicamente.

Sin embargo, tampoco perdió algo fundamental.

Su capacidad de influir.

Y ahí aparece la paradoja.

Irán no tiene fuerza suficiente para imponer sus condiciones a las grandes potencias.

Pero conserva capacidad suficiente para impedir que esas potencias consigan completamente las suyas.

Eso ayuda a entender por qué el estrecho de Ormuz sigue siendo relevante.

Reuters
Pie de foto,El tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz se ha reducido casi por completo.

Por qué las negociaciones continúan abiertas.

Y por qué actores mucho más poderosos siguen teniendo que calcular cuidadosamente sus movimientos.

La influencia iraní ya no depende de ser el actor más fuerte de la región.

Depende de conservar suficiente capacidad para alterar los cálculos de quienes sí lo son.

La lección que deja esta guerra.

Quizás la enseñanza más importante de esta crisis no tenga que ver únicamente con Irán.

Tiene que ver con cómo funciona el poder en un mundo cada vez más complejo.

Durante mucho tiempo se asumió que la influencia pertenecía a quien podía obligar.

Pero conflictos como este muestran otra realidad.

Algunos países ya no necesitan ser lo suficientemente fuertes para imponer su voluntad.

Les basta con ser lo suficientemente resistentes para impedir la voluntad de otros.

Y eso fue precisamente lo que esta guerra dejó al descubierto.

La campaña militar demostró la fuerza de Estados Unidos e Israel.

Pero también mostró sus límites.

Porque al final, Washington descubrió algo que probablemente no quería descubrir.

EPA
Pie de foto,Trump y sus principales miembros del gabinete intentan equilibrar la obtención de concesiones de Teherán con la necesidad de poner fin rápidamente a la guerra para evitar consecuencias políticas

Puede destruir objetivos iraníes.

Lo que sigue sin poder destruir es la capacidad de Irán para seguir influyendo en el resultado.

Y esa puede terminar siendo la lección más incómoda que dejó esta guerra.

🌎 Más allá de quién ganó o perdió esta guerra, la pregunta que sigue abierta es cuánto poder conserva un país cuando ya no puede imponer su voluntad, pero todavía puede influir en la de otros.

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