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Cómo ciertos medios llevan el debate del FEES al miedo.

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Mientras crecen los cuestionamientos por el uso de recursos en universidades públicas, parte de la cobertura mediática empieza a enmarcar la discusión presupuestaria con escenarios extremos que desplazan el debate técnico hacia el miedo ciudadano.

Por qué el debate del FEES se está alejando de lo técnico.

El debate sobre el Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) debería centrarse en números, prioridades, resultados y uso eficiente de recursos públicos.

Sin embargo, parte de la cobertura reciente sobre este tema empieza a mostrar otra tendencia, convertir una discusión presupuestaria compleja en una narrativa emocional de alto impacto.

Un ejemplo reciente fue el enfoque utilizado por el medio La Teja en una nota titulada “¿Se imagina un temblor sin reporte? El peligro que corre el Ovsicori por el polémico recorte al FEES”, publicada tras el reciente sismo sentido en Costa Rica.(Captura del enfoque utilizado por La Teja en cobertura del debate FEES. Artículo original disponible para consulta pública en lateja.cr).

Imagen fuente analizada: La Teja, “¿Se imagina un temblor sin reporte? El peligro que corre el Ovsicori por el polémico recorte al FEES”

El titular plantea un escenario de fuerte carga emocional, la posibilidad de que el país deje de recibir reportes sísmicos.

Pero al revisar el contenido completo de la nota, el planteamiento real es más matizado.

Lo que se expone es una advertencia del rector de la Universidad Nacional sobre presiones presupuestarias que podrían afectar distintos programas universitarios si no aumenta el FEES. Entre ellos, el Ovsicori.

Ese matiz importa.

Porque una cosa es informar que un programa enfrenta presión financiera o posibles limitaciones operativas. Y otra muy distinta es presentar el debate como si el país estuviera al borde de quedarse sin monitoreo sísmico.

Ese tipo de encuadre no es neutro.

Convierte una discusión técnica sobre asignación presupuestaria en una alarma emocional para el ciudadano promedio. Y eso ocurre, además, en un momento donde el FEES no solo está siendo discutido por su monto, sino también por el uso que algunas universidades y estructuras vinculadas a ellas han dado a recursos públicos.

En semanas recientes han salido a la luz cuestionamientos sobre:

gastos de representación en restaurantes de alto costo vinculados a despachos universitarios; denuncias sobre millonarios gastos en catering, alimentación y artículos promocionales dentro de estructuras. estudiantiles; investigaciones internas y señalamientos sobre compras y uso de fondos en distintas dependencias universitarias.

Ese contexto también forma parte del debate. Porque cuando el país discute si debe aumentar miles de millones de colones en financiamiento público, la conversación no se limita a cuánto dinero se pide.

También incluye cómo se usa el que ya existe.

Por eso preocupa cuando ciertos enfoques mediáticos parecen desplazar esa discusión hacia escenarios de miedo o impacto emocional, en lugar de mantener el foco en la eficiencia, la transparencia y la priorización del gasto.

Advertir sobre riesgos presupuestarios es legítimo.

Informar sobre afectaciones potenciales también.

Pero presentar el peor escenario posible como si fuera la consecuencia inmediata de una negociación presupuestaria aún en disputa puede distorsionar la percepción pública del debate.

Costa Rica necesita discutir el FEES.

Pero necesita hacerlo con información completa.

No desde el miedo. No desde escenarios extremos.Y no omitiendo el debate sobre cómo se administran actualmente esos recursos.

En temas donde se juegan miles de millones de colones públicos, el país merece más que titulares alarmistas, merece contexto, transparencia y debate serio.

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