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Delcy empieza a desmontar el viejo modelo económico chavista

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Venezuela abre espacio al capital privado y retoma contactos con organismos financieros que el chavismo atacó durante años.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reúne con el secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, en Caracas / Reuters

Por Unidad Internacional ACR

Durante años, el chavismo construyó buena parte de su identidad política sobre una promesa, enfrentar al capitalismo, controlar sectores estratégicos desde el Estado y presentar el socialismo del siglo XXI como una alternativa al modelo económico tradicional.

Pero Venezuela empieza a moverse en una dirección muy distinta.

Tras el nuevo escenario político abierto en Venezuela desde los sucesos de enero, el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez ha impulsado una serie de cambios económicos que marcan una ruptura profunda con parte del discurso histórico del chavismo.

El giro no ocurre en un terreno menor.

Venezuela está retomando contactos con organismos financieros internacionales, revisando el enorme aparato empresarial estatal y abriendo sectores como petróleo y minería al capital privado nacional e internacional.

La paradoja es difícil de ignorar, el mismo movimiento político que durante años hizo del antiimperialismo y del control estatal una bandera, ahora empieza a usar herramientas que antes denunciaba como traición.

JUAN BARRETO/AFP via Getty Images
Pie de foto,La reformas legales aprobadas por el Parlamento venezolano ha revertido el modelo implantado por Hugo Chávez en el ámbito petrolero y minero.

Uno de los cambios más simbólicos fue el acercamiento al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, instituciones duramente atacadas durante años por Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

El nuevo gobierno también anunció un proceso de reestructuración de la deuda externa y de PDVSA, con la intención de renegociar pagos, revisar obligaciones pendientes y abrir camino para que Venezuela pueda regresar, eventualmente, al sistema financiero internacional.

Ese paso tiene peso económico, pero también político.

Porque durante años el chavismo presentó al FMI como símbolo de sometimiento extranjero. Ahora, bajo presión interna y externa, Venezuela vuelve a mirar hacia esos mismos espacios para intentar ordenar una deuda que algunos economistas estiman entre 170.000 y 190.000 millones de dólares.

AFP via Getty Images
Pie de foto,Tras más de siete años, Venezuela ha retomado relaciones con el FMI.

El segundo movimiento toca otra columna histórica del proyecto chavista, las empresas públicas.

La frase “exprópiese” marcó una época en Venezuela. Bajo ese modelo, el Estado asumió control de cientos de empresas y activos productivos.

Ahora, Delcy Rodríguez instaló una comisión para revisar cuáles bienes estatales podrían ser transferidos al sector privado o liquidados.

El mensaje es claro, el Estado venezolano ya no puede sostener el tamaño del aparato económico que ayudó a construir.

Pero ese proceso también abre dudas.

Sectores críticos advierten que una reducción del aparato estatal puede ser necesaria, pero también peligrosa si se hace sin transparencia, controles y reglas claras. En un país marcado por corrupción, opacidad y concentración de poder, privatizar o transferir activos sin vigilancia puede terminar trasladando poder económico hacia nuevos grupos cercanos al aparato estatal.

El tercer giro está en petróleo y minería.

Las reformas recientes a las leyes de Hidrocarburos y Minas abren más espacio al capital privado en sectores que durante años fueron presentados como símbolo de soberanía nacional.

Juan BARRETO / AFP via Getty Images
Pie de foto,Hasta el rojo, el color tradicional del chavismo, ha desaparecido de las movilizaciones organizadas en las últimas semanas por el oficialismo.

Para sectores radicales del propio chavismo, eso equivale a una ruptura con el discurso histórico de la revolución bolivariana.

Pero para Delcy Rodríguez y su entorno, la explicación parece ser otra: sobrevivir políticamente, evitar una guerra interna y buscar oxígeno económico en medio de un país golpeado por deuda, aislamiento y colapso institucional.

Ahí aparece la palabra que mejor resume el momento venezolano: pragmatismo.

No un pragmatismo neutro, sino uno cargado de contradicciones.

Porque el chavismo no está desmontando su modelo económico desde una derrota electoral tradicional ni desde una transición ordenada de poder. Lo está haciendo desde dentro, empujado por una crisis que dejó al viejo discurso frente a límites cada vez más visibles en lo económico e institucional.

El resultado es un escenario incómodo para todos.

Para los sectores opositores, porque parte de las reformas que durante años reclamaron ahora están siendo aplicadas por figuras del propio chavismo.

Para el chavismo duro, porque el modelo que defendió durante décadas empieza a ser corregido por quienes antes lo presentaban como intocable.

Y para los venezolanos, porque el cambio económico no necesariamente viene acompañado de una apertura política equivalente.

Ese puede ser el punto más sensible del nuevo momento venezolano.

Venezuela podría estar avanzando hacia una economía más abierta, con más espacio para capital privado y organismos internacionales, pero sin resolver todavía la pregunta central sobre libertades políticas, legitimidad institucional y control real del poder.

Por eso, el cambio que impulsa Delcy Rodríguez no puede leerse solo como una reforma económica.

También empieza a leerse como una señal política difícil de ignorar.

Y ahora, parte de la misma élite que durante años defendió la revolución económica empieza a impulsar cambios que hace apenas unos años habrían sido impensables dentro del discurso chavista.

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