Voz de Upala en la ONU por el Agua

Por Ana Virginia Argüello.
De Upala para Costa Rica, una voz por el agua y los derechos humanos y las futuras generaciones.
Hay historias que comienzan en un pequeño pueblo y que, con los años, encuentran espacios más grandes desde donde alzar la voz. Pero por muy lejos que llegue una persona, hay algo que nunca cambia… sus raíces.
La Dra. Anna Virginia Argüello Bustos es una hija upaleña.
Upala es la tierra que la vio nacer, la tierra de sus padres y sus abuelos, de su familia, de sus amigos de escuela, de sus primeros recuerdos y de una historia que lleva profundamente arraigada en su identidad. También lleva con orgullo la descendencia indígena proveniente de su abuela materna y ellegado de generaciones de mujeres fuertes que forman parte de su historia familiar.

Hablar de quién es Ana Virginia implica necesariamente regresar a esas raíces.
Es nieta de doña Nila Espinoza Romero quien fue propietaria del reconocido “Marakabú” una mujer ampliamente recordada en el pueblo de Upala por sugenerosidad y hospitalidad. Su hogar fue durante muchos años un lugar depuertas abiertas. Según recuerda la familia, por allí pasaban personas que sedirigían hacia comunidades del interior, viajeros que no tenían dónde quedarse y familias que llegaban con niños enfermos y necesitaban un lugar donde pasar la noche. Doña Nila no preguntaba de dónde venían para brindarles ayuda: en su mesa siempre podía encontrarse un bocado para compartir y en su casa un espacio para quien verdaderamente lo necesitara.
Su abuelo materno Héctor Bustos, también dejó una profunda enseñanza de servicio. En una época en que las distancias y las condiciones de acceso a la atención médica hacían particularmente difícil atender una emergencia en las comunidades rurales, era reconocido por acudir cuando recibía noticias de alguna persona gravemente enferma. Visitaba pacientes, realizaba curaciones y auxiliaba a familias ante diferentes emergencias, incluidas las mordeduras de serpiente, que representaban un serio peligro en la zona.
Aquella generación dejó una enseñanza sencilla pero poderosa, cuando alguien necesita ayuda, hay que procurar llegar hasta donde está.
Anna Virginia pertenece además a una familia vinculada con parte de la historia de la aviación costarricense, siendo sobrina de reconocidos pioneros de la aviación, entre ellos César Romero, Antonio Espinoza Romero y Alejandro Romero Talavera, cuyas trayectorias forman parte del orgullo y la memoria de su familia.
Por su línea paterna también lleva consigo una profunda historia upaleña. Es descendiente de doña Clementina Ruiz Navarro, quien es una mujer muy querida, trabajadora y de gran fortaleza, que luchó por sacar adelante a sus hijos y a su familia; y de Luis Adán Argüello, cuyo nombre también formaparte de las raíces familiares que la unen a esta tierra.
Por eso, cuando Ana Virginia habla de servicio, solidaridad o defensa de lascomunidades, no se trata solamente de conceptos aprendidos con los años. Son valores que reconoce en las generaciones que estuvieron antes que ella.
Pero la vida también le regaló otro hogar: Liberia, Guanacaste.
Aunque Liberia no fue la ciudad que la vio nacer, fue la ciudad que la acogió. Allí ha construido una parte fundamental de su vida; allí han crecido sus hijos, ha trabajado, estudiado y desarrollado muchos de sus proyectos. Por eso habla de Liberia con un profundo sentimiento de gratitud.
“Upala es mi raíz y Liberia es mi hogar. Upala me vio nacer y Liberia me abrió sus brazos. En Liberia han crecido mis hijos y allí he construido una parte muy importante de mi historia. Por eso llevo a ambos pueblos profundamente en mi corazón”.
Y precisamente desde esas raíces llegó hasta un escenario internacional con un mensaje profundamente costarricense.

Durante su participación junto a Youth for Human Rights, en el marco de supresencia en Naciones Unidas, Anna Virginia llevó consigo una preocupación que nace desde su propia tierra, la protección del agua y de nuestros ríos como elemento indispensable para garantizar la dignidad humana y el futuro de las próximas generaciones.
Su voz hizo especial énfasis en la situación del Río Zapote, en Upala, y en la necesidad de atender las preocupaciones de las comunidades sobre el aprovechamiento de los recursos hídricos mediante las instituciones, la legislación y los mecanismos nacionales e internacionales correspondientes.
Pero su mensaje trascendió un solo río.
Habló del Zapote y del Pisote, de los ríos de Upala, del Río Frío y de los sistemas hídricos que recorren Guatuso, Guanacaste y tantas otras comunidades de Costa Rica. Porque detrás de cada río existe una comunidad, un ecosistema, una historia y generaciones enteras que dependen de él.

Proteger el agua no es solamente una causa ambiental. Es una causa humana.

El acceso al agua potable y al saneamiento está reconocido internacionalmente como un derecho humano. Por eso, hablar de derechos humanos también significa hablar de agua, de ambiente, de salud, decomunidades y de responsabilidad intergeneracional.
Costa Rica ha construido internacionalmente una importante trayectoria en materia ambiental y de derechos humanos.
Precisamente por ello, los compromisos y convenciones internacionales que el país asume deben encontrar correspondencia en acciones concretas.
Las convenciones no pueden quedarse únicamente sobre el papel. Desde Naciones Unidas, su mensaje se convirtió también en una promesa:
“Seguiré utilizando cada espacio legítimo de participación que tenga a mi alcance para defender el Río Zapote, pero también para defender nuestros ríos y nuestros recursos hídricos. Seguiré insistiendo en que proteger el agua es proteger la vida y en que los compromisos internacionales asumidos por nuestro país deben convertirse en acciones reales para nuestras comunidades”.
Porque quienes crecieron cerca de ríos como el Zapote conocen algo que difícilmente puede explicarse únicamente mediante cifras o documentos.
Conocen el sonido del agua. Conocen las tardes junto al río. Conocen lo que significa crecer viendo correr agua limpia por una comunidad.
Y existe una responsabilidad moral de procurar que esa experiencia no sea solamente un recuerdo de quienes tuvieron la fortuna de vivirla.
Nuestros niños y jóvenes también merecen heredar ríos vivos.
Merecen poder conocer el Río Zapote, acercarse a sus aguas y disfrutar responsablemente de ellas, como lo hicieron generaciones anteriores. Merecen recibir un país donde el agua limpia continúe siendo fuente de vida y no una historia que sus padres y abuelos tengan que contarles en pasado.
Por eso, esta lucha mira fundamentalmente hacia el futuro.
Hacia el niño que hoy comienza a descubrir Costa Rica.
Hacia el joven que algún día tendrá que administrar sus recursos.

Y hacia generaciones que todavía no han nacido, pero que tienen derecho a recibir de nosotros un patrimonio natural protegido.
La participación de Anna Virginia también estuvo dedicada a otras causas esenciales de los derechos humanos, las personas con discapacidad, la protección de la niñez, la dignidad de las mujeres, la prevención de las violaciones y los abusos, la inclusión y la construcción de una cultura mundial de paz.
Junto a jóvenes y líderes de diferentes países participó en iniciativas desensibilización y recolección de firmas en favor de los derechos humanos y la paz mundial, reafirmando una convicción fundamental: las diferencias deben encontrar respuesta en el diálogo, la diplomacia, el respeto y la paz.
Hoy este camino continúa con una nueva oportunidad de crecimiento mediante su incorporación al U.S. Institute of Diplomacy and Human Rights(USIDHR), desde donde espera continuar fortaleciendo conocimientos y herramientas para trabajar por la dignidad humana y llevar las necesidadesde las comunidades a espacios donde puedan ser escuchadas.

En este recorrido también recibió un gesto muy especial desde el Perú la obra literaria Flor, obsequio de su amigo Walter Zavaleta, Vicerrector de la Universidad César Vallejo, símbolo de cómo la cultura, la educación y la amistad pueden tender puentes entre nuestros pueblos.
Sin embargo, detrás de los escenarios internacionales, los reconocimientos y las nuevas oportunidades, permanece aquella mujer que recuerda de dónde viene.
Una hija de Upala.

Nieta de hombres y mujeres que hicieron del servicio, la hospitalidad, el trabajo y la solidaridad una forma de vida.
Una mujer agradecida con Liberia, la tierra que la acogió y donde han crecido sus hijos.
Una costarricense convencida de que defender los derechos humanos también significa proteger aquello sin lo cual ningún otro derecho puede disfrutarse plenamente: la vida, la dignidad y el agua.
Y desde Naciones Unidas, el mensaje regresa nuevamente a casa:
Que el Río Zapote siga corriendo. Que nuestros ríos permanezcan vivos. Que nuestros niños puedan conocerlos y disfrutarlos con agua limpia. Que nuestros jóvenes comprendan el deber de protegerlos. Y que las generaciones que todavía no han nacido reciban de nosotros una Costa Rica en la que el agua continúe siendo vida.
Porque para quien lleva a Upala en sus raíces y a Liberia en su corazón, defender el agua significa defender su casa.
Y defender los ríos de Costa Rica significa defender el futuro de todos.
Gracias, Dra. Anna Virginia Argüello Bustos, por representar con orgullo a nuestra querida Upala y a Costa Rica.
Gracias por alzar la voz por nuestros ríos, nuestros jóvenes y las futuras generaciones. El pueblo que la vio nacer se siente orgulloso de contar con una digna representante que, sin importar hasta dónde llegue, nunca olvida sus raíces. ¡Gracias por llevara Upala siempre en el corazón! 💧
Nota editorial – MUNDO ACR
Este artículo corresponde a una columna de opinión firmada. Las valoraciones, juicios y enfoques expresados pertenecen exclusivamente a su autor y no representan necesariamente la posición editorial de MUNDO ACR.

