Brasil y el IVA que podría rozar el 30%
Una nueva estimación oficial reabrió la posibilidad de que el impuesto estándar sobre el consumo brasileño termine entre los más altos del mundo. El 31,3% que circula en redes todavía no está aprobado. Detrás de esa cifra hay una reforma que intenta reemplazar varios tributos sin perder recaudación y una economía que combina empleo récord con deuda e intereses elevados.

(Natacha Pisarenko / Ap Photo/natacha Pisarenko)
POR MUNDO ACR | El 31,3% todavía no existe. Lo que hizo creíble semejante número, sí.
Un supuesto IVA de 31,3% comenzó a correr por redes sociales en Brasil acompañado de una afirmación todavía más explosiva: la reforma tributaria impulsada durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva dejaría al país con el impuesto al consumo más alto del mundo.
El número no puede publicarse así. Brasil todavía no ha fijado una tasa de 31,3% y una parte esencial del nuevo impuesto sigue pendiente de cálculo. Pero descartarlo simplemente como otro dato inflado de internet también escondería una historia bastante más interesante.
El Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) acaba de calcular en 11,3468% la tasa de referencia de la CBS, la parte federal del nuevo sistema de impuestos sobre bienes y servicios. El propio Tribunal advierte que se trata de una referencia técnica que todavía debe pasar por el Senado.
Brasil está construyendo un IVA dual. A la CBS federal deberá sumarse el IBS correspondiente a estados y municipios. Ese segundo componente todavía no tiene una tasa definitiva y por eso el 31,3% viral sale de una operación prematura: tomar el 11,3% calculado por el TCU y agregarle un supuesto IBS del 20%.
Hay, sin embargo, una estimación que permite entender por qué el escenario cercano al 30% ya entró seriamente en la conversación. Antes del nuevo cálculo del TCU, el Comité Gestor del IBS había utilizado como referencia metodológica una tasa conjunta de 27,91%, compuesta aproximadamente por 9,21% de CBS y 18,7% de IBS.
Al sustituir únicamente aquella estimación de CBS de 9,21% por el nuevo cálculo de 11,3%, manteniendo como escenario el IBS de 18,7%, el resultado ronda el 30%. Especialistas tributarios brasileños han advertido, sin embargo, que son cálculos realizados para momentos y finalidades diferentes y que esa suma no puede presentarse como la tasa definitiva del futuro IVA.
Esa diferencia importa. El 30% ya tiene un escenario técnico que permite discutirlo; el 31,3% no puede presentarse hoy como un impuesto aprobado.
Hungría aplica actualmente un IVA estándar de 27%, el mayor entre los países de la OCDE. Si la futura tasa brasileña termina alrededor del 30%, superaría esa referencia, aunque comparar únicamente porcentajes nominales tampoco permite determinar qué país soporta la mayor carga efectiva sobre el consumo.
Un IVA alto no significa 30% más en el supermercado
Brasil no está colocando simplemente un nuevo IVA encima de todos los impuestos existentes. La reforma busca sustituir varios tributos que hoy gravan el consumo por un sistema más sencillo. La CBS reemplazará impuestos federales y el IBS irá sustituyendo tributos estatales y municipales durante una transición que tomará años.
También funcionará mediante créditos tributarios. Una empresa que haya pagado impuesto al comprar insumos podrá utilizar ese monto como crédito cuando venda su producto, evitando que el mismo tributo se vaya acumulando una y otra vez durante la cadena productiva.
Por eso una tasa nominal cercana al 30% no equivale automáticamente a un aumento de 30% en el precio de cada producto.
La reforma contiene además productos, servicios y sectores con tasas reducidas, tratamientos especiales y casos de tasa cero. Eso influye directamente sobre cuánto debe cobrar la tasa estándar.
Si el nuevo sistema debe recaudar aproximadamente lo mismo que los impuestos que sustituye mientras determinadas actividades reciben reducciones o exenciones, la tasa aplicada al resto necesita compensar parte de ese espacio. Ese es precisamente el corazón del cálculo realizado por el TCU.
Su presidente, Vital do Rêgo, explicó que el objetivo no consiste en escoger arbitrariamente la mayor tasa posible, sino en encontrar la referencia necesaria para preservar la recaudación durante el cambio de sistema.
El 11,3%, por tanto, no demuestra que Lula haya decidido cobrar un IVA de 31,3% para financiar el déficit o pagar los intereses de la deuda. El TCU no estableció esa relación causal.
La situación fiscal de Brasil es otra discusión. Importante, pero distinta.
El Brasil que funciona y el que todavía debe cuentas
Una radiografía económica tampoco permite presentar a Brasil como un país hundido.
Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el desempleo cayó a 5,2% en el trimestre terminado en septiembre de 2026, el menor porcentaje registrado para un tercer trimestre desde el inicio de la serie comparable en 2012. Los ingresos laborales también mejoraron y el ingreso real mensual promedio se situó alrededor de 3.777 reales en el trimestre terminado en agosto.
La pobreza viene retrocediendo. El Banco Mundial ha relacionado esa mejora con el mercado laboral, los aumentos reales del salario mínimo y programas de transferencias como Bolsa Família. Brasil tampoco está en recesión: la economía creció 2,3% en 2025 y durante 2026 continuó registrando expansión interanual.
Son resultados reales ocurridos durante el Gobierno Lula. Ignorarlos para presentar la reforma tributaria como prueba de una economía destruida produciría una fotografía falsa.
Las cuentas públicas muestran otra presión que también forma parte de la economía brasileña.
En los doce meses terminados en septiembre, el sector público acumuló un déficit nominal equivalente al 9,51% del PIB. Los intereses nominales alcanzaron 1,205 billones de reales, equivalentes al 8,99% del PIB.
La comparación sirve para dimensionar la cifra, no para trasladarla al bolsillo de cada brasileño: el flujo anual de intereses del sector público equivale aproximadamente a nueve de cada cien reales de todo el PIB producido durante ese periodo.
Según las estadísticas fiscales del Banco Central de Brasil, la deuda bruta del Gobierno General alcanzó 82,9% del PIB en septiembre, alrededor de 11,1 billones de reales. Durante 2026 había aumentado 4,3 puntos porcentuales del PIB.
El Fondo Monetario Internacional utiliza una metodología más amplia, por lo que sus porcentajes no son directamente intercambiables con los del Banco Central. Su diagnóstico también advierte sobre una trayectoria creciente de deuda, gasto obligatorio elevado, beneficios tributarios y una factura de intereses que reduce el espacio disponible para inversión pública productiva.
Nada de eso demuestra que esos intereses hayan obligado al TCU a calcular una CBS de 11,3%. Lo que demuestra es algo diferente: la reforma tributaria está entrando en funcionamiento dentro de un país que ha mejorado indicadores sociales y laborales sin haber resuelto sus presiones fiscales.
Brasil ya recauda mucho
Brasil tuvo en 2025 una carga tributaria bruta equivalente al 32,40% del PIB, según el Tesoro Nacional.
Ese 32,4% no es un IVA ni significa que cada brasileño entregue un tercio de su salario al Estado. Es la suma de la recaudación tributaria de los diferentes niveles de gobierno comparada con el tamaño completo de la economía.
Tampoco demuestra por sí mismo que Brasil cobre “demasiado”. Países con cargas tributarias elevadas pueden tener estructuras fiscales, servicios públicos y niveles de ingreso muy diferentes.
Sí permite entender que la reforma no ocurre en una economía de baja tributación. Brasil ya moviliza mediante impuestos una cantidad equivalente a casi un tercio de su PIB y ahora intenta sustituir buena parte de su compleja tributación sobre el consumo sin perder recaudación.
El posible IVA cercano al 30% no nace simplemente de una decisión de “cobrar más”. Influyen los impuestos que desaparecerán, cuánto recaudaban, las tasas reducidas, las exenciones, los regímenes especiales y el tamaño de la base sobre la que terminará aplicándose la tasa estándar.
Falta el número que decidirá la historia
El 31,3% que circula en redes todavía no puede presentarse como el futuro IVA de Brasil.
Tenemos una referencia de 11,3468% para la CBS. Tenemos además un escenario técnico previo de aproximadamente 18,7% para el IBS que, combinado con la nueva referencia federal, lleva la cuenta alrededor del 30%.
Pero no tenemos todavía la tasa definitiva conjunta.
El IBS comenzará su implementación gradual posteriormente y serán necesarios nuevos cálculos durante la transición. Incluso la referencia de la CBS calculada por el TCU debe ser fijada por el Senado, que tiene plazo hasta el 15 de diciembre; si no lo hace, prevalecerá el cálculo del Tribunal.
Si la futura combinación de CBS e IBS termina alrededor del 30%, Brasil superaría el 27% estándar de Hungría. Si termina por debajo, aquella comparación tendrá que rehacerse.
Y aun con la tasa definitiva en la mano habrá que mirar exenciones, créditos y reducciones antes de convertir el porcentaje nominal en una conclusión sobre lo que efectivamente pagará cada consumidor.
Por ahora, la diferencia entre lo comprobado y lo proyectado cabe en pocas cifras.
11,3468% de CBS ya tiene cálculo oficial.
Cerca de 30% para el IVA conjunto es hoy un escenario respaldado por estimaciones, no una tasa aprobada.
31,3% como hecho consumado no está demostrado.
Brasil todavía tiene que llenar el espacio que separa esas tres afirmaciones.
Y el número decisivo sigue pendiente.
El IBS.
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