Solís afirma en CNN, que la gente votó por el régimen chavista
Luis Guillermo Solís llevó a CNN una palabra que casi nunca se usa en Costa Rica: “régimen”

La entrevista que el expresidente Luis Guillermo Solís concedió a CNN horas antes del cambio de mando presidencial dejó algo más grande que una simple crítica política al nuevo gobierno.
Dejó una narrativa internacional completa sobre hacia dónde, según su visión, podría dirigirse Costa Rica.
Y todo comenzó con una palabra poco común en la tradición democrática costarricense:
“régimen”.
“La gente quiso una continuación del régimen de Chávez”, afirmó Solís durante la entrevista.
La frase no pasó desapercibida.
En Costa Rica, históricamente el lenguaje político suele hablar de: “gobierno”, “administración” u “oficialismo”.
Pero el término “régimen” tiene una carga política muchísimo más fuerte, especialmente cuando se utiliza en escenarios internacionales.
En América Latina, esa palabra suele asociarse psicológicamente con, concentración de poder, erosión institucional, liderazgos dominantes o modelos políticos que generan preocupación democrática.
Y la entrevista avanzó precisamente en esa dirección.
A lo largo de la conversación, Solís describió un escenario donde Rodrigo Chaves mantendría una influencia inédita dentro del nuevo gobierno de Laura Fernández, como ministro de la Presidencia, ministro de Hacienda, coordinador económico y principal enlace político con la Asamblea Legislativa.
Después vino otra frase que elevó todavía más el tono de la conversación.
“Se va a convertir en un virtual primer ministro que no hemos tenido en otros momentos de la historia del país”, dijo el exmandatario.
A partir de ahí, la entrevista comenzó a construir un marco político mucho más amplio.
Solís habló de: control del Ejecutivo, influencia legislativa, una supuesta intención de “tomarse el Poder Judicial” y un modelo político cercano al estilo Bukele.
Incluso afirmó que “analistas están viendo” señales de consolidación política similares a fenómenos observados en otros países de la región.
Ese detalle también es clave.
Porque frases como, “los analistas están viendo” permiten introducir interpretaciones muy fuertes sin presentarlas necesariamente como afirmaciones absolutas o hechos concluyentes.
Y ahí es donde la discusión cambia completamente de nivel.
Porque cuando palabras como, “régimen”, “Bukele”, “control institucional” o “tomarse el Poder Judicial” salen desde CNN y son pronunciadas por un expresidente de Costa Rica, el impacto ya no se queda dentro de la política local.
La imagen internacional del país también empieza a moverse.
Más aún porque CNN abrió la entrevista hablando sobre, las visas revocadas a miembros de la Junta Directiva de La Nación, las tensiones con la prensa y el debate sobre libertad de expresión en Costa Rica.
Es decir, distintos elementos terminaron agrupados dentro de un mismo relato internacional, prensa, poder, continuidad política, visas, Bukele, Trump, instituciones y democracia.
Y eso tiene un peso enorme cuando el mensaje sale desde una cadena internacional y además es impulsado por la voz de un expresidente.
Sin embargo, también aparece otra pregunta inevitable.
¿Hasta qué punto el lenguaje utilizado en escenarios internacionales puede proyectar hacia el exterior una imagen de Costa Rica más cercana a modelos regionales de deterioro democrático que a la realidad institucional actual del país?
Porque, hasta este momento, Costa Rica sigue teniendo: elecciones libres, oposición activa, prensa crítica, Sala Constitucional, Poder Judicial independiente y alternancia democrática.
Eso no elimina los debates políticos reales que existen alrededor del nuevo gobierno ni las preocupaciones que distintos sectores puedan tener sobre concentración de poder o estilo político.
Pero sí abre una discusión mucho más delicada, la diferencia entre advertir riesgos democráticos y presentar internacionalmente al país dentro de marcos narrativos históricamente asociados a contextos latinoamericanos mucho más extremos.
Y ahí es donde la entrevista de Solís dejó una señal poderosa.
Porque más allá de la política local, el verdadero debate parece empezar en otro lugar: cómo se está construyendo la imagen democrática internacional de Costa Rica en esta nueva etapa política.
Porque cuando un expresidente habla de “régimen”, concentración de poder y modelos regionales como Bukele frente a una audiencia internacional, el impacto ya no queda únicamente en el debate interno.
También empieza a moldear cómo Costa Rica será observada desde afuera en los próximos años.
Porque cuando la política costarricense empieza a narrarse fuera del país, cada palabra pesa más.
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