El mundo no era del tamaño que aprendimos en el mapa
África nunca fue pequeña. Groenlandia nunca estuvo cerca de igualarla. Una votación de la ONU acaba de devolver al centro una vieja realidad de la cartografía: convertir un planeta redondo en una hoja plana siempre obliga a deformar algo.
POR MUNDO ACR | Historias que cambian la forma de mirar el mundo.
Hay una comparación capaz de romper en segundos la imagen del mundo que muchos aprendimos en la escuela.
Buscá África y Groenlandia en uno de los mapamundis construidos con la proyección de Mercator. A simple vista pueden parecer territorios de dimensiones comparables.
Ahora salgamos del mapa.
África es aproximadamente 14 veces más grande que Groenlandia.
No apareció tierra nueva. Tampoco encogió Groenlandia.
La diferencia está en la representación que durante años nuestros ojos aprendieron a reconocer como normal.
Y esa vieja distorsión cartográfica acaba de llegar hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas.
La ONU no cambió el planeta ni prohibió un mapa
El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General aprobó la resolución “Correct the Map” por 164 votos a favor, uno en contra y seis abstenciones.
Estados Unidos emitió el único voto negativo. Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania se abstuvieron.
La iniciativa fue presentada por Togo en nombre del Grupo Africano y llegó a Naciones Unidas después de una campaña respaldada por la Unión Africana.
Pero aquí aparece una precisión importante.
La ONU no prohibió la proyección de Mercator ni ordenó sustituirla por un único mapamundi para cualquier uso.
La resolución promueve un mayor uso de proyecciones de áreas equivalentes cuando importa representar correctamente el tamaño relativo de continentes y regiones. Equal Earth aparece como una de las alternativas dentro de esa discusión, no como un mapa obligatorio para todo el planeta.
La propia información publicada por Naciones Unidas explica además que la resolución busca que gobiernos, escuelas, organizaciones internacionales y compañías tecnológicas reconozcan las limitaciones de representar una Tierra esférica sobre una superficie plana.
Y ahí empieza realmente la historia.
El problema aparece cuando intentamos aplastar la Tierra
Tomá una naranja, dibujá los continentes sobre la cáscara, retirala e intentá extenderla perfectamente sobre una mesa sin romperla, estirarla ni deformarla.
No vas a poder.
Con la Tierra ocurre algo parecido, aunque detrás haya matemáticas mucho más complejas.
Una superficie curva no puede convertirse en un plano conservando al mismo tiempo todas sus propiedades. Un mapa puede priorizar áreas, formas, distancias o direcciones, pero no mantenerlas todas perfectamente a escala planetaria.
El Servicio Geológico de Estados Unidos lo resume con una idea sencilla: todo mapa plano representa de manera imperfecta alguna característica de la superficie terrestre.
Por eso no existe un mapamundi plano perfecto.
Existen proyecciones creadas para necesidades diferentes.
Y eso cambia también la manera de juzgar al mapa que quedó en medio de esta discusión.

Mercator no estaba intentando engañarnos
En 1569, el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator presentó una proyección que terminó siendo extraordinariamente útil para la navegación.
Su gran ventaja es que las líneas de rumbo constante pueden representarse como líneas rectas. Para navegantes que necesitaban mantener una dirección utilizando la brújula, aquello resolvía un problema práctico.
El manual de proyecciones cartográficas del USGS recoge precisamente esas características: Mercator conserva ángulos localmente, representa las líneas de rumbo como rectas y ha tenido un uso histórico fundamental en navegación.
El precio aparece cuando miramos las superficies.
Conforme nos alejamos del ecuador, las áreas se agrandan progresivamente. Los territorios situados en latitudes altas terminan ocupando en el mapa mucho más espacio del que les correspondería por su superficie real.
África se extiende ampliamente alrededor del ecuador.
Groenlandia está mucho más al norte.
Ahí nace una de las ilusiones geográficas más conocidas del mapamundi.
La proyección de Mercator no falló necesariamente en aquello para lo que resultaba útil. El problema aparece cuando la utilizamos para comparar tamaños entre regiones del planeta.
El propio USGS advierte que Mercator distorsiona fuertemente las áreas cerca de los polos y que existen otras proyecciones más apropiadas cuando lo importante es representar superficies relativas.
Durante generaciones, entonces, no estuvimos simplemente mirando un mapa “mal hecho”.
Estábamos mirando una herramienta que respondía muy bien algunas preguntas y bastante mal otras.
Otra forma de desplegar el mundo
En 2018, los cartógrafos Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny presentaron Equal Earth.
Su objetivo era distinto.
Equal Earth es una proyección de áreas equivalentes. Eso significa que mantiene las proporciones relativas de superficie entre las distintas partes del planeta, evitando el enorme crecimiento visual que Mercator produce conforme se acerca a los polos.
Los propios investigadores explicaron el diseño y las características de la proyección en el trabajo científico donde presentaron Equal Earth.
Cuando observamos África bajo una proyección de este tipo, su relación de tamaño frente a Groenlandia, Europa, Norteamérica y otras regiones cambia drásticamente respecto de la imagen que Mercator dejó instalada en nuestra memoria.
Pero tampoco significa que Equal Earth sea un espejo perfecto del planeta.
No puede serlo.
Al conservar las áreas, necesariamente existen otras propiedades que no pueden mantenerse sin distorsión. Esa es precisamente la lección que se pierde cuando la discusión se convierte simplemente en decidir cuál mapa está “bien” y cuál está “mal”.
Todo mapamundi plano tiene que ceder algo.
La diferencia está en qué queremos conservar cuando lo utilizamos.
África decidió que el tamaño también importaba
La discusión dejó de ser exclusivamente cartográfica antes de llegar a Naciones Unidas.
En febrero de 2026, durante su 39.ª Asamblea, la Unión Africana respaldó la iniciativa Correct the Map, promovida por Togo. La organización explicó posteriormente que busca extender representaciones más fieles a las superficies relativas hacia sistemas educativos, plataformas digitales, medios y productos cartográficos.
La Unión Africana sostiene que la manera en que África ha sido representada durante generaciones también influye en cómo el continente es percibido y plantea el cambio cartográfico como parte de un esfuerzo más amplio por corregir esa imagen.
Después de la votación del 4 de septiembre, la Comisión de la UA volvió a defender públicamente que África sea representada conforme a sus dimensiones reales.
Aquí conviene separar dos asuntos.
Que Mercator distorsiona las superficies es una propiedad matemática comprobable.
Que esa distorsión haya contribuido a disminuir simbólica, política o económicamente la percepción de África es una interpretación defendida por la Unión Africana, Togo y los impulsores de la campaña.
No son exactamente la misma afirmación.
Una puede comprobarse matemáticamente sobre una proyección.
La otra forma parte de una discusión histórica sobre representación, educación y poder.
El mapa también educa nuestros ojos
Después de observar durante años la misma imagen ocurre algo curioso.
Dejamos de pensar en ella como una representación.
Empezamos a recordarla como si fuera el mundo.
Europa adquiere determinado tamaño. Norteamérica otro. África ocupa el espacio que acostumbramos a reconocerle. Groenlandia parece gigantesca. Esas proporciones pueden terminar instalándose en nuestra memoria sin que nadie tenga que enseñarnos expresamente cuántos kilómetros cuadrados posee cada territorio.
Por eso lo ocurrido en Naciones Unidas va más allá de cambiar una imagen por otra.
La ONU no descubrió en 2026 que Mercator distorsiona superficies. Los cartógrafos conocen desde hace muchísimo tiempo las ventajas y limitaciones de las distintas proyecciones.
Lo novedoso es que 164 Estados respaldaron llevar esa cuestión cartográfica al terreno de la educación y de la representación internacional del tamaño de los continentes.
Incluso durante la sesión del 4 de septiembre varias delegaciones hicieron una precisión adicional: la resolución se refiere a representación cartográfica y educación, y no modifica fronteras, soberanía ni el estatus jurídico de territorios.
El registro oficial de la sesión de la Asamblea General deja constancia también de otra idea importante: no existe una única forma universalmente aceptada de trasladar toda la superficie curva de la Tierra a un plano sin distorsiones.
Y Mercator probablemente seguirá frente a nosotros
Nada de esto significa que Mercator vaya a desaparecer.
Ni tendría sentido utilizar exactamente la misma proyección para todas las tareas.
Un mapa pensado para comparar superficies continentales responde a una necesidad distinta de uno utilizado para navegación, planificación territorial o determinadas aplicaciones digitales.
Ahí está quizá la parte menos espectacular, pero más útil, de esta historia.
No existe un mapa que gane todas las competencias.
Hay mapas mejores o peores dependiendo de qué necesitamos ver.
Mercator puede conservar propiedades muy valiosas para determinadas tareas mientras ofrece una imagen profundamente engañosa si lo utilizamos para comparar cuánto territorio ocupa África frente a regiones situadas mucho más cerca de los polos.
Equal Earth corrige ese problema de superficie.
A cambio, como cualquier proyección plana, acepta otras distorsiones.
El mundo nunca cambió de tamaño
África siempre tuvo la misma superficie mientras generaciones enteras la vieron reducida frente a otras regiones en determinados mapamundis.
Groenlandia tampoco necesitó encogerse para que descubramos la diferencia.
Lo que está cambiando es la representación que elegimos cuando queremos comparar el tamaño del mundo.
Y quizá esa sea la parte más interesante de toda esta historia: un mapa puede estar matemáticamente bien construido, resultar extraordinariamente útil y, al mismo tiempo, no servir para responder todas las preguntas que queremos hacerle.
El 4 de septiembre la ONU no encontró un planeta nuevo.
Tampoco escogió un dibujo capaz de mostrarlo perfectamente.
Respaldó algo bastante más concreto: que cuando el tamaño relativo importa, la manera de representar los continentes también importa.
La próxima vez que mirés un mapamundi, entonces, hay una pregunta mucho más interesante que decidir si está “bien” o “mal”:
¿qué decidió conservar ese mapa y qué tuvo que deformar para poder mostrarte el mundo sobre una superficie plana?
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¿Qué mapamundi recordás de tus años de escuela, uno parecido al de Mercator o una representación diferente?

