CACCO y CECOT: las diferencias que no muestran las fotos
Costa Rica tomó elementos del modelo penitenciario salvadoreño, pero hay una pregunta que cambia la manera de entender su nueva cárcel. ¿Por qué algunos de los cabecillas considerados más peligrosos permanecerían fuera de ella? La respuesta permite descubrir cómo funciona la alta contención y qué ocurre detrás de sus controles.

POR MUNDO ACR Una cárcel no controla el crimen organizado solamente encerrando personas. También debe impedir que quienes están encerrados sigan ejerciendo poder sobre los demás.
Si colocamos una fotografía del CACCO costarricense junto a otra del CECOT salvadoreño, encontramos escenas muy parecidas. Hombres rapados, uniformes institucionales, vigilancia policial y movimientos realizados bajo estrictas instrucciones. Las imágenes explican por qué tantas personas han comparado ambas prisiones desde que Costa Rica inauguró su nuevo centro de alta contención.
El parecido existe y las propias autoridades costarricenses reconocen que tomaron elementos del modelo salvadoreño. Pero hay una característica del CACCO que difícilmente podría descubrirse mirando fotografías. Algunos cabecillas criminales permanecerían en celdas individuales de otros sectores penitenciarios, mientras el nuevo complejo recibirá a miles de personas bajo un sistema de alojamiento colectivo.
¿Por qué un centro construido para enfrentar al crimen organizado no recibiría necesariamente a todos los líderes criminales más peligrosos? La respuesta está relacionada con una realidad poco conocida de las cárceles: una persona puede perder su libertad y conservar capacidad para influir, intimidar o reclutar a otras.
El riesgo de encerrar juntos a quienes no deberían estar juntos
El Centro de Alta Contención y Crimen Organizado (CACCO) tiene capacidad anunciada para 5.100 personas. Su infraestructura comprende cinco módulos de 1.020 plazas cada uno, con 17 celdas por módulo. Cada celda está diseñada para alojar a 60 internos.
La distribución permite entender el tamaño del proyecto, pero también plantea una pregunta sobre la convivencia. Imaginemos una celda donde permanecen 60 personas con diferentes antecedentes, relaciones y niveles de influencia. Algunas pueden haber cometido delitos violentos. Otras podrían estar vinculadas con organizaciones criminales capaces de operar dentro y fuera de prisión.
Ahora imaginemos que entre ellas ingresa un cabecilla acostumbrado a dirigir personas, distribuir dinero o imponer órdenes. Aunque no tenga acceso a un teléfono, la convivencia podría facilitarle contactos con otros internos. Incluso podría intentar establecer nuevas relaciones de subordinación o reclutamiento.
Durante una conferencia transmitida por el ministro de Justicia, Gabriel Aguilar, explicó que esa posibilidad influye en las decisiones sobre dónde alojar a determinados líderes criminales. Según indicó, algunos permanecerían en celdas individuales de máxima seguridad para reducir el riesgo de que organicen actividades ilícitas mediante el contacto con otros privados de libertad.
Esto permite comprender por qué una celda individual puede resultar más apropiada para una persona que una instalación colectiva de alta contención. No se trata únicamente de la gravedad del delito atribuido o cometido. También importa qué capacidad tiene esa persona para ejercer poder dentro de la prisión.
El CACCO no sustituye automáticamente todas las modalidades de máxima seguridad existentes en Costa Rica. Forma parte de un sistema que necesita distintos espacios de custodia según las características de cada interno.
Un tomacorriente puede parecer insignificante. Dentro de una cárcel, no siempre lo es
Entre las condiciones anunciadas para el CACCO figura la ausencia de tomacorrientes accesibles para los internos. También se restringen televisores, microondas y numerosos objetos personales.
Fuera de una prisión, un tomacorriente es simplemente parte de la vida cotidiana. Dentro de un establecimiento penitenciario puede adquirir otra importancia cuando se intenta impedir el uso de dispositivos clandestinos.
Un teléfono celular introducido ilegalmente podría permitir que alguien vinculado con una organización criminal mantenga contacto con personas en libertad, transmita instrucciones o participe en actividades delictivas. Impedir su ingreso es una tarea de vigilancia. Dificultar que pueda mantenerse cargado añade otro obstáculo a su utilización.
La ausencia de tomacorrientes no garantiza por sí sola que desaparezcan los celulares prohibidos. Es una medida que funciona junto con las requisas, los controles de ingreso y la vigilancia permanente.
El ministro explicó que el CACCO contará con cámaras durante las 24 horas y procedimientos especiales para controlar las pertenencias de los internos. También anunció que las personas permanecerán 23 horas al día en sus celdas y dispondrán de una hora de salida al espacio establecido para ello.
La criminóloga Tania Molina, entrevistada por un medio de comunicación, señaló otro aspecto de la seguridad penitenciaria. Dentro de una cárcel, ciertos objetos pueden convertirse en instrumentos de intercambio o influencia. Quien consigue bienes escasos o prohibidos podría utilizarlos para obtener favores, intimidar o establecer relaciones de poder.
Por eso la alta contención busca algo más que impedir una fuga. También pretende dificultar que dentro de la prisión se reproduzcan determinadas actividades criminales.
¿Por qué los rapan y les ponen uniforme?
Las imágenes de los primeros traslados mostraron a personas con la cabeza rapada y vestimenta institucional. La semejanza con los procedimientos difundidos desde El Salvador fue inmediata.
Aguilar explicó que el corte de cabello responde a razones de higiene y seguridad. Mencionó antecedentes de contagios de piojos dentro del sistema penitenciario y sostuvo que el cabello también puede utilizarse para ocultar objetos prohibidos.
El uniforme cumple otras funciones. Facilita la identificación de las personas bajo custodia y permite controlar las características de la ropa que utilizan. Las prendas particulares pueden tener bolsillos, costuras o modificaciones que dificulten determinadas revisiones.
Molina consideró que existen razones sanitarias y de seguridad para aplicar estas medidas, aunque cuestionó la exposición dramática de los traslados. Durante la entrevista utilizó la expresión marketing carcelario para referirse a esa presentación pública.
Su observación permite distinguir dos situaciones. Una es el procedimiento penitenciario, que debe responder a necesidades de seguridad y a las disposiciones legales. Otra es la difusión de imágenes, que muestra a la población cómo se ejecutan determinadas acciones.
Las fotografías pueden documentar un traslado, pero no permiten conocer por sí solas todas las condiciones de custodia ni demostrar la eficacia de un protocolo.
La persona que vemos entrar podría no haber sido condenada
Hay una diferencia jurídica que las imágenes tampoco permiten reconocer.
Pensemos en dos personas detenidas. La primera ya fue juzgada y recibió una condena. La segunda enfrenta un proceso penal y permanece en prisión preventiva por decisión de un juez.
Ambas están privadas de libertad, pero no se encuentran en la misma situación. Una cumple una pena. La otra espera que avance su proceso judicial y conserva la presunción de inocencia.
El ministro confirmó que el CACCO puede recibir tanto personas condenadas como personas en prisión preventiva. También explicó que ambas poblaciones deben mantenerse separadas y que existirán diferencias en su vestimenta para identificarlas.
Esta separación está contemplada en las Reglas Nelson Mandela de Naciones Unidas, que establecen estándares internacionales para el tratamiento de las personas privadas de libertad. Las reglas también contemplan un trato diferenciado para quienes todavía no han sido juzgados.
Esto significa que ver a una persona ingresando al CACCO no demuestra que ya haya sido declarada culpable. Para conocer su situación jurídica hay que distinguir entre una prisión preventiva y una condena.
Es una diferencia que importa especialmente cuando las imágenes circulan rápidamente por redes sociales y llegan al público sin información sobre el proceso judicial de quienes aparecen en ellas.
¿Qué ocurre si dos bandas enemigas comparten celda?
Durante la conferencia de prensa surgió una pregunta sobre la posibilidad de alojar juntos a integrantes de organizaciones criminales rivales.
El ministro explicó que personas pertenecientes a distintas bandas podrían compartir alojamiento dentro de una misma categoría procesal. Sostuvo que la Policía Penitenciaria sería responsable de mantener las condiciones de seguridad.
Molina, por su parte, destacó la necesidad de una clasificación técnica que valore los riesgos particulares de cada interno.
La importancia de esa evaluación se comprende con un ejemplo. Dos personas pueden estar vinculadas con delitos semejantes, pero pertenecer a organizaciones que mantienen enfrentamientos. Otra persona podría tener antecedentes de intimidación contra internos de menor influencia. Aunque todas requieran vigilancia estricta, reunirlas sin valorar esas relaciones podría generar riesgos adicionales.
Por eso las decisiones de alojamiento no dependen solamente del número de espacios disponibles. También intervienen evaluaciones sobre comportamiento, antecedentes, vínculos y necesidades de seguridad.
La clasificación penitenciaria intenta responder una pregunta muy concreta: qué condiciones de convivencia resultan apropiadas para cada persona bajo custodia.
Ese trabajo continúa después de la inauguración de cualquier cárcel. Una instalación puede tener capacidad para miles de internos, pero cada traslado exige decisiones sobre dónde y con quién permanecerá cada uno.
¿Una cárcel de alta contención elimina las visitas?
No necesariamente. Las autoridades anunciaron que el CACCO mantendrá determinados mecanismos de contacto con familiares y abogados, aunque sujetos a mayores restricciones.
Las visitas generales se realizarán mediante locutorios, donde existe una separación física entre el interno y la persona visitante. Según las condiciones explicadas por Aguilar, cada visita general tendrá una duración de una hora y se permitirá el ingreso de una persona.
También se anunciaron visitas íntimas cada seis meses, con una duración máxima de dos horas y sujetas a los requisitos establecidos. Para la comunicación con hijos menores de edad, el Ministerio planteó utilizar mecanismos de videoconferencia.
Los locutorios permiten conversar sin contacto físico directo. Su finalidad es mantener una vía de comunicación mientras se reduce la posibilidad de intercambiar objetos.
En materia de salud, el ministro explicó que los internos continuarán recibiendo los medicamentos prescritos y que podrán ser atendidos mediante los servicios médicos correspondientes. Cuando una situación lo requiera, se valorará el traslado a un centro hospitalario.
Estas condiciones forman parte del funcionamiento anunciado por las autoridades. Su aplicación cotidiana deberá observarse conforme avance la operación del CACCO.
Costa Rica tomó elementos del CECOT, pero no trasladó todo el sistema salvadoreño
La comparación entre ambas prisiones tiene una base real. El ministro Aguilar reconoció que Costa Rica tomó experiencias del modelo salvadoreño y afirmó que se incorporarían aquellas compatibles con la legislación nacional.
Sin embargo, existen diferencias que no pueden apreciarse en las fotografías.
El CECOT fue presentado por El Salvador con una capacidad anunciada de 40.000 personas. El CACCO costarricense tiene capacidad para 5.100. Además, El Salvador ha aplicado un régimen de excepción relacionado con su política de seguridad, mientras Costa Rica opera bajo su marco constitucional ordinario.
La diferencia importa porque las facultades de las autoridades, los procedimientos judiciales y las condiciones legales de reclusión no dependen únicamente del diseño de los edificios.
El propio ministro señaló que Costa Rica no se encuentra bajo un régimen de excepción como el salvadoreño. También explicó que los procedimientos del CACCO deben ajustarse a las disposiciones jurídicas nacionales.
Esto ayuda a comprender por qué dos cárceles pueden utilizar medidas semejantes de vigilancia, uniformes y alojamiento colectivo sin funcionar bajo exactamente las mismas condiciones.
La arquitectura muestra cómo está construido un establecimiento. Su funcionamiento depende también de las leyes, las decisiones judiciales y la administración penitenciaria.
¿Cinco mil plazas nuevas significan cinco mil personas más encarceladas?
No. La capacidad de una cárcel y la cantidad de nuevas detenciones son asuntos diferentes.
El Ministerio de Justicia proyectó que, cuando el CACCO alcance su ocupación completa, la sobrepoblación penitenciaria nacional podría disminuir del 59% al 15%.
Para entender esa proyección, imaginemos una cárcel diseñada para 100 personas que actualmente aloja a 159. Su sobrepoblación es del 59%, porque tiene 59 personas por encima de la capacidad prevista.
Si se amplían los espacios disponibles y la relación pasa a 115 personas por cada 100 plazas, la sobrepoblación sería del 15%. Habría una reducción considerable, aunque todavía existirían más personas que espacios previstos.
La incorporación del CACCO permite trasladar internos que ya se encuentran bajo custodia penitenciaria y redistribuir parte de la población entre distintos establecimientos. Eso no significa que cada una de sus 5.100 plazas corresponda a una persona recién detenida.
La proyección oficial tampoco debe confundirse con un resultado ya alcanzado. Depende de que el centro llegue a la ocupación prevista y de cómo evolucione la población penitenciaria.
El Ministerio de Justicia y Paz publicó los datos oficiales de capacidad, inversión y proyección de sobrepoblación. La inversión comunicada asciende a aproximadamente 33,16 millones de dólares.
Molina recordó durante la entrevista que Costa Rica también tiene otros establecimientos con necesidades de infraestructura. El CACCO amplía la capacidad nacional, pero no sustituye el mantenimiento ni la atención que requieren los demás centros penitenciarios.
¿Puede una cárcel impedir que exista el crimen organizado?
El CACCO tiene una función específica dentro de la respuesta del Estado frente a la criminalidad. Busca mantener bajo custodia a personas de alto riesgo, fortalecer los controles penitenciarios y dificultar que determinadas actividades delictivas continúen organizándose desde prisión.
Pero una organización criminal no depende exclusivamente de las personas que están encarceladas. También puede contar con integrantes en libertad, recursos económicos, contactos y actividades que deben ser investigadas fuera del sistema penitenciario.
Por eso la construcción de una cárcel no reemplaza las investigaciones policiales, los procesos judiciales ni las acciones preventivas.
Molina explicó que la prevención y la represión del delito deben atenderse de manera complementaria. Una intenta reducir las condiciones que favorecen la participación en actividades criminales. La otra permite investigar hechos delictivos y aplicar las consecuencias previstas por la ley.
La administración penitenciaria interviene en otra etapa: cuando una persona ya se encuentra bajo custodia del Estado y es necesario impedir que esa situación se convierta en una oportunidad para continuar delinquiendo.
Lo que ahora podemos entender cuando vemos el CACCO
Volvamos a las imágenes del comienzo.
Ahora sabemos que una celda compartida por 60 personas no cumple necesariamente la misma función que una celda individual. Que restringir objetos puede buscar impedir comunicaciones clandestinas o relaciones de poder dentro de la prisión. Que el uniforme facilita la identificación, pero no revela si una persona ya fue condenada. Y que incorporar miles de plazas puede reducir la sobrepoblación sin representar miles de detenciones nuevas.
También sabemos que el CACCO y el CECOT comparten elementos de diseño e inspiración, pero deben entenderse dentro de los sistemas jurídicos y penitenciarios de sus respectivos países.
La inauguración del CACCO permite conocer su infraestructura y los procedimientos anunciados. Su funcionamiento cotidiano mostrará cómo se aplican esos controles y qué resultados obtiene esta modalidad de custodia.
La próxima vez que aparezcan imágenes de una cárcel en nuestras pantallas, tendremos más elementos para comprender lo que estamos viendo. Porque detrás de una celda hay decisiones sobre seguridad, convivencia y clasificación que rara vez aparecen en una fotografía.
El verdadero funcionamiento de una cárcel comienza donde termina la imagen que vemos en las noticias.

