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Dólar barato: el daño que todavía no se puede medir

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El dólar está barato. ¿Eso realmente está dañando a Costa Rica?

Imagen generada con IA

POR MUNDO ACR Porque entre el miedo y las cifras, primero hay que saber qué se puede probar.

Un dólar cercano a ₡450 puede ser una excelente noticia el día que toca pagar una deuda en esa moneda. La sensación cambia cuando esos mismos dólares son los ingresos de un hotel, una finca exportadora o una empresa que debe convertirlos a colones para pagar salarios y otros gastos.

Las dos situaciones están ocurriendo dentro de la misma economía. Por eso decir simplemente que el dólar barato es bueno o malo deja demasiadas cosas por fuera.

El economista Dennis Meléndez Howell puso nuevamente el tema en discusión al advertir sobre los efectos que podría provocar una apreciación prolongada del colón. EL MUNDO CR recogió su análisis bajo un titular que señala que el bajo tipo de cambio “puede causar daños profundos” a la economía costarricense.

La palabra “puede” importa. Meléndez está advirtiendo sobre un riesgo, especialmente si esta situación se mantiene durante mucho tiempo. No está diciendo simplemente que toda la economía costarricense ya sufrió ese daño.

Para medir cuánto de ese riesgo puede observarse hoy hay que entender qué está presionando el tipo de cambio, quién está sintiendo sus efectos y qué señales empiezan a aparecer en la economía.

Primero hay que entender por qué baja

Costa Rica no tiene un precio fijo para el dólar. Desde 2015 funciona bajo un régimen de flotación administrada.

En palabras sencillas, el precio se mueve principalmente según la cantidad de dólares que se ofrecen y demandan en el mercado cambiario. El Banco Central puede participar bajo determinadas condiciones, pero su política no consiste en escoger una cifra y mantener el dólar ahí. El propio BCCR explica el funcionamiento de este sistema en su información sobre el régimen cambiario.

Durante 2026 la oferta de divisas en el mercado cambiario ha continuado superando ampliamente su demanda.

Hasta el 22 de abril, las operaciones del público con los intermediarios cambiarios acumulaban un superávit de $2.417 millones. El Informe de Política Monetaria de abril señala que durante el primer trimestre ese excedente provino mayoritariamente de empresas de regímenes especiales y que el comportamiento era coherente con flujos de inversión directa y el crecimiento de exportaciones de servicios profesionales, científicos, técnicos, administrativos y de apoyo.

Una parte importante de la oferta de dólares tiene, por tanto, fuentes económicas identificadas en los registros oficiales.

¿El Banco Central está haciendo algo?

Sí.

En febrero se produjo un aumento extraordinario de la oferta de dólares. Entre el 1.º y el 27 de ese mes, el superávit en las ventanillas de los intermediarios cambiarios llegó a $659 millones.

El BCCR informó que compró $259,1 millones específicamente con fines de estabilización.

Esa no fue toda su participación en el mercado. El Banco Central también ha comprado divisas para atender requerimientos del Sector Público no Bancario y para fortalecer las reservas internacionales. Durante 2025 adquirió $5.644,7 millones en Monex y en los primeros dos meses de 2026 compró otros $1.078,9 millones, según el informe presentado por la Presidencia del BCCR a la Asamblea Legislativa.

Meléndez no plantea simplemente que el Banco Central permanezca inmóvil. Su cuestionamiento apunta a si las acciones realizadas son suficientes y a si deberían utilizarse otras herramientas frente a una apreciación prolongada.

Entre las medidas que menciona están cambios en tasas de interés, encajes, endeudamiento público en dólares, bonos de estabilización monetaria y una mayor posibilidad de inversión en el exterior para los fondos de pensiones.

Ese debate no equivale a pedirle al Banco Central que simplemente “suba el dólar”. Las intervenciones cambiarias y las herramientas monetarias forman parte de una política más amplia, y sus efectos dependen de cómo se ejecuten y de las demás operaciones que realice el BCCR.

Cuando el Banco Central compra dólares en el mercado entrega colones a cambio de esas divisas. Lo que ocurra después con la liquidez y otras variables monetarias depende también de las acciones que adopte la institución. Por eso no corresponde asumir que una compra de dólares produce automáticamente un determinado efecto sobre crédito, inflación o tasas de interés.

La discusión económica está en cuánto intervenir, con cuáles instrumentos y qué consecuencias tendría cada alternativa.

₡22.000 que alguien se ahorra y otro deja de recibir

Una deuda de $500 permite entender el problema mejor que varias páginas de teoría económica.

Si el dólar cuesta ₡500, una persona necesita ₡250.000 para conseguir esos $500. A ₡456 necesita aproximadamente ₡228.000. Son unos ₡22.000 menos.

Para alguien que recibe su salario en colones y tiene una deuda en dólares, la apreciación del colón puede representar un alivio real. También reduce la cantidad de colones necesaria para realizar otros pagos directamente en dólares.

Pensemos ahora en una pequeña empresa turística que recibe $2.000. A ₡500 obtiene ₡1 millón. A ₡456 recibe ₡912.000. Son ₡88.000 menos en la conversión, aunque haya vendido exactamente los mismos $2.000.

Sus empleados no necesariamente cobran menos porque bajó el dólar. Tampoco la electricidad, las cargas sociales, el alquiler o los proveedores tienen que reducirse en la misma proporción.

Las empresas que generan dólares y mantienen buena parte de sus costos en colones pueden sufrir una reducción de sus márgenes. Si esa situación dura suficiente tiempo, puede influir sobre decisiones de inversión, contratación o producción.

La advertencia de Meléndez tiene fundamento precisamente en ese riesgo acumulado. Para saber cuánto se está materializando hay que mirar más allá del precio del dólar.

Exportar más no significa necesariamente ganar más

Entre enero y abril de 2026, Costa Rica exportó $7.463 millones en bienes, 7% más que durante el mismo periodo del año anterior. Las empresas del régimen definitivo también crecieron. Sus exportaciones alcanzaron $2.439 millones, un aumento de 9%, según PROCOMER.

Sería un error utilizar esas cifras para responder que entonces el dólar barato no está afectando a los exportadores.

Ventas y rentabilidad no son lo mismo.

Una empresa puede exportar $1 millón este año frente a $900.000 el año anterior y haber aumentado sus ventas en dólares. Si al convertir ese dinero recibe menos colones mientras sus costos locales continúan creciendo o permanecen iguales, su margen puede haberse reducido.

Las estadísticas agregadas de exportaciones no responden por sí solas cuánto está ganando cada empresa.

En julio, la producción de las empresas del régimen definitivo creció 3,4% interanual, de acuerdo con el Índice Mensual de Actividad Económica del Banco Central.

El dato merece la misma cautela. Crecimiento de la producción tampoco equivale automáticamente a mejores márgenes.

Incluso el mercado laboral exige cuidado al interpretarlo. El BCCR reportó una tasa de desempleo de 6,7% en mayo, pero al mismo tiempo señaló que las tasas de participación y ocupación eran menores que un año antes. Un solo número no permite atribuir ese comportamiento al tipo de cambio ni utilizarlo para descartar sus efectos.

Con la información disponible no encontramos un indicador oficial que permita aislar cuánto de la rentabilidad, el empleo, la inversión o los cierres de las empresas más expuestas se explica específicamente por la apreciación del colón.

Sin esa medición no corresponde afirmar que ya existe un “daño profundo” generalizado. El crecimiento de las exportaciones tampoco demuestra que el problema no exista.

Hay dólares que sí sabemos de dónde vienen

La abundancia de divisas ha producido otra explicación en la discusión pública. Se habla de “narcodólares” para atribuir al narcotráfico o al lavado de dinero parte de la enorme oferta que recibe el mercado costarricense.

El narcotráfico y el lavado de dinero existen y son problemas que las autoridades investigan. Ese hecho, sin embargo, no identifica automáticamente el origen del excedente observado en el mercado cambiario.

Hay flujos que sí están documentados.

Costa Rica recibe dólares por exportaciones de bienes y servicios, turismo e inversión extranjera, entre otras actividades. Los regímenes especiales también tienen un peso considerable.

En mayo de 2026, sus operaciones netas fueron superavitarias en $574,2 millones, de acuerdo con el informe del mercado cambiario del Banco Central.

Ese mismo mes, el mercado privado de cambios registró un superávit total de $511,4 millones y el tipo de cambio promedio en Monex bajó a ₡454,9 por dólar.

Hay además inversión que continúa ingresando al país. Los datos del Banco Central registran $1.357,6 millones de inversión directa durante el segundo trimestre de 2026, de los cuales $886,2 millones correspondieron a zona franca.

Nada de esto permite calcular cuánto dinero ilícito podría estar circulando dentro de la economía costarricense. Tampoco permite descartarlo.

La abundancia de dólares, por sí sola, no demuestra que el excedente provenga del narcotráfico. Para establecer esa relación hacen falta investigaciones financieras, trazabilidad de fondos, operaciones sospechosas, expedientes u otros elementos que conecten el dinero con una actividad criminal.

Sin esa evidencia, atribuir al narcotráfico el comportamiento del tipo de cambio sigue siendo una hipótesis, no una relación causal demostrada.

El riesgo no se mide mirando solamente el precio del dólar

La advertencia de Meléndez merece seguimiento porque los efectos que plantea no tendrían que aparecer todos al mismo tiempo.

Una empresa puede soportar durante meses una reducción de márgenes. Puede posponer una inversión antes de despedir trabajadores. Puede producir más para compensar lo que pierde al convertir sus dólares. Otra puede absorber el golpe y una tercera no tener capacidad para hacerlo.

Por eso tampoco basta con mirar el crecimiento del PIB.

El Banco Central proyectó en julio que la economía costarricense crecerá 3,4% en 2026, pero esa cifra nacional puede convivir con actividades que estén atravesando situaciones muy diferentes.

La mejor forma de saber si la advertencia sobre el tipo de cambio comienza a materializarse será seguir lo que ocurra en los sectores más expuestos.

Si empiezan a aparecer de manera persistente menor rentabilidad, inversiones canceladas o pospuestas, pérdida de empleo, reducción de producción, cierres de empresas o deterioro de las exportaciones, habrá evidencia más sólida para medir la profundidad del problema. También habrá que distinguir cuánto responde al tipo de cambio y cuánto a costos internos, demanda externa u otras condiciones económicas.

Hoy sabemos que existe una fuerte oferta de dólares, que el Banco Central ha intervenido, que un colón apreciado favorece a unos bolsillos y presiona a otros, y que vender más al exterior no garantiza estar ganando más.

Lo que todavía falta medir es cuánto de esa presión ya está cambiando las decisiones de las empresas que viven de generar dólares.

Ese es el dato que puede convertir una advertencia económica en un daño comprobable.

El dólar puede subir o bajar. Lo que no debería bajar es el nivel de la discusión.

En MUNDO ACR preferimos darte los datos para que saqués tus propias conclusiones, no decidirlas por vos.

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