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Reuters Los cuatro soldados desaparecidos hacían parte de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés).

El Salvador en Haití: de 78 a más de 2.000 soldados

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De 78 a más de 2.000: cómo cuatro desaparecidos cambiaron el papel de El Salvador en Haití

El Salvador entró a la misión internacional con tres helicópteros y 78 militares para evacuar heridos. Dos años después prepara el envío de más de 2.000 soldados. En medio quedaron cuatro técnicos desaparecidos, una amenaza de Bukele a las pandillas y un salto militar que cambia el peso salvadoreño dentro de la crisis haitiana.

Reuters
Pie de foto,La fuerza multinacional en Haití ha tenido dificultades para penetrar en las zonas de Puerto Príncipe donde las pandillas tienen el control.

POR MUNDO ACR | El Salvador llegó a Haití para sacar heridos. Ahora está enviando soldados por miles.

En agosto de 2024, El Salvador envió una carta a Naciones Unidas. Era breve y bastante específica: ofrecía tres helicópteros y 78 miembros de sus Fuerzas Armadas para realizar evacuaciones médicas en Haití.

No era una fuerza diseñada para protagonizar la guerra contra las pandillas. Era un contingente pequeño dentro de una misión internacional mucho mayor.

Dos años después, aquella cifra parece pertenecer a otra historia.

El Gobierno de Nayib Bukele anunció esta semana que desplegará más de 2.000 soldados salvadoreños en Haití. Aproximadamente 1.000 ya habían sido enviados hasta el martes, según una fuente de seguridad haitiana citada por Reuters.

Entre los 78 de aquella carta y los más de 2.000 anunciados ahora ocurrió algo que cambió la participación salvadoreña: cuatro técnicos de aviación desaparecieron después de una emboscada el 18 de octubre.

El operativo comenzó para encontrarlos. Su tamaño terminó haciendo visible algo bastante mayor.

Cuatro hombres

Los desaparecidos pertenecían precisamente al componente aéreo salvadoreño. Su trabajo estaba relacionado con los helicópteros y las evacuaciones médicas, no con encabezar incursiones terrestres contra las pandillas.

Regresaban a su base en un vehículo blindado cuando fueron atacados en Croix-des-Bouquets, en las afueras de Puerto Príncipe. Lograron abandonar el vehículo después de que se incendiara y desde entonces no existe información públicamente confirmada sobre su paradero.

Bukele sostiene que las pandillas los tienen retenidos. Ningún grupo ha asumido públicamente la responsabilidad y esa hipótesis no ha sido confirmada de manera independiente.

Después apareció una escena todavía más confusa.

Cuatro cadáveres fueron entregados a las fuerzas salvadoreñas bajo la posibilidad de que fueran los militares desaparecidos. Bukele rechazó la identificación. Afirmó que uno correspondía a un menor, otro tenía características físicas incompatibles con sus hombres y otro llevaba documentación de un militar de Chad.

Los cuatro salvadoreños siguieron desaparecidos.

Entonces empezaron a llegar refuerzos.

La cifra cambió

Primero fueron cientos. Para el 27 de octubre, una fuente de seguridad haitiana hablaba de alrededor de 1.000 soldados salvadoreños desplegados.

Dos días después llegó el anuncio oficial: El Salvador prepara una operación de más de 2.000.

La comparación ayuda a entender lo que significa.

La Fuerza de Supresión de Pandillas, conocida como GSF, tenía aproximadamente 2.000 integrantes antes de esta expansión salvadoreña y todavía estaba muy lejos de alcanzar los 5.500 uniformados que Naciones Unidas autorizó como máximo.

El contingente que San Salvador pretende movilizar es, por sí solo, aproximadamente equivalente al tamaño que tenía hasta ahora toda esa fuerza multinacional.

Ya no estamos hablando de los 78 militares ofrecidos para operar tres helicópteros.

¿Bukele invadió Haití?

No.

Y aclararlo importa porque ver miles de militares extranjeros aterrizando en un país en crisis puede producir una conclusión rápida que el marco jurídico conocido no sostiene.

La presencia salvadoreña forma parte de una arquitectura internacional creada con autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y cooperación de las autoridades haitianas.

La resolución 2793 del Consejo de Seguridad autorizó a los Estados participantes en la GSF a desarrollar operaciones contra las pandillas en estrecha cooperación y coordinación con el Gobierno de Haití. El mismo documento exige respeto por la soberanía, la integridad territorial y la independencia política haitianas.

No se trata de cascos azules de Naciones Unidas. La GSF es una fuerza multinacional autorizada por el Consejo de Seguridad y respaldada logísticamente por una oficina de la ONU.

Hay otra diferencia importante. Su mandato no se limita a patrullar.

Puede realizar operaciones de inteligencia dirigidas contra pandillas, proteger infraestructura, apoyar a la Policía y las Fuerzas Armadas haitianas y, bajo determinadas condiciones, adoptar medidas temporales que incluyen arrestos y detenciones. Todo ello está sujeto a reglas de enfrentamiento, derecho internacional y obligaciones de derechos humanos.

Haití, además, firmó el 27 de julio de 2026 un acuerdo con la GSF que reconoce su personalidad jurídica y establece condiciones para el funcionamiento de su personal. El Consejo de Seguridad acaba de extender el mandato de la fuerza hasta el 31 de marzo de 2027.

El despliegue salvadoreño, por tanto, no apareció al margen de Haití ni de Naciones Unidas.

Lo que todavía no está completamente explicado es cómo encajarán todos esos nuevos soldados dentro de ese sistema.

Dos mil y varias preguntas

Reuters informó este 29 de octubre que todavía no se conoce públicamente la estructura de mando del nuevo contingente, cuánto tiempo permanecerá desplegado ni las funciones específicas que tendrán todos sus integrantes.

Tampoco está claro si los más de 2.000 soldados quedarán incorporados formalmente a la GSF o si parte del contingente trabajará mediante otro mecanismo coordinado con las autoridades haitianas.

Eso importa porque la propia arquitectura internacional distingue entre dirección estratégica y mando operativo.

La resolución de Naciones Unidas establece que un grupo de países socios proporciona orientación estratégica y supervisión, mientras el comandante de la fuerza conserva el mando operativo y las decisiones cotidianas.

El Salvador forma parte de ese grupo de socios.

Participar en él no significa que Bukele tenga el mando unilateral de la operación haitiana.

Y esa diferencia será todavía más importante si el contingente salvadoreño termina acercándose a los más de 2.000 efectivos anunciados.

La frase de Bukele

Después de la desaparición de sus hombres, Bukele publicó una advertencia dirigida a las pandillas haitianas.

El mensaje llevaba inevitablemente a El Salvador.

Su Gobierno ha convertido la caída de los homicidios y la pérdida de control territorial de la MS-13 y Barrio 18 en la principal carta de presentación internacional de su política de seguridad. El régimen de excepción utilizado durante ese proceso también acumula denuncias de organizaciones de derechos humanos por detenciones arbitrarias y otros abusos.

Ahora esa experiencia entra en un escenario que no fue construido por Bukele.

Haití tiene instituciones debilitadas, una crisis política prolongada, grandes extensiones bajo influencia de organizaciones armadas y cerca de 1,5 millones de desplazados por la violencia. La propia fuerza internacional continúa incompleta pese a que su techo autorizado es de 5.500 uniformados.

Incluso Naciones Unidas reconoce que recuperar seguridad no consiste únicamente en combatir grupos armados. El mandato de la GSF incluye fortalecer las capacidades haitianas, proteger infraestructura, facilitar ayuda humanitaria, combatir el tráfico de armas y crear condiciones para que Haití pueda volver a celebrar elecciones.

Ahí está el límite de cualquier comparación sencilla entre ambos países.

El Salvador puede aportar soldados y experiencia.

Haití seguirá teniendo que reconstruir un Estado capaz de conservar lo que esos soldados consigan recuperar.

Lo que cambió en once días

El 18 de octubre desaparecieron cuatro técnicos salvadoreños.

Para el 27, alrededor de 1.000 soldados de El Salvador habían sido desplegados, según la fuente de seguridad haitiana consultada por Reuters.

El 29, San Salvador anunció que la operación superará los 2.000.

La búsqueda continúa.

Pero mientras el destino de cuatro hombres sigue sin conocerse, ya ocurrió algo que sí puede medirse.

En 2024, la carta oficial de El Salvador a Naciones Unidas cabía prácticamente en una página: tres helicópteros, 78 militares, evacuaciones médicas.

Dos años después, El Salvador está dispuesto a movilizar más soldados hacia Haití de los que integraban aproximadamente toda la fuerza multinacional antes de esta crisis.

No llegó allí invadiendo un país.

Llegó invitado a una misión internacional.

Lo extraordinario es cuánto ha crecido su lugar dentro de ella.

Y todo empezó con cuatro hombres que todavía no han regresado.


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