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Gaza, Sudán y Congo en investigación de MUNDO ACR sobre atención internacional

Gaza moviliza al mundo. ¿Quién escucha las otras guerras?

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Gaza, Sudán y Congo: por qué unas guerras reciben más atención

Las manifestaciones propalestinas alcanzaron una dimensión extraordinaria mientras Sudán, Congo y otras crisis humanitarias recibían mucha menos atención en determinados medios internacionales. MUNDO ACR examinó las redes que sostienen las movilizaciones, el dinero detrás de las campañas, los negocios de guerra y las víctimas que permanecen lejos de los grandes focos de atención.

POR MUNDO ACR | Hay guerras que llenan las calles. Otras siguen peleando por ser vistas.

Por cada artículo diario dedicado a la crisis humanitaria en Congo, Gaza recibió aproximadamente 39 en una muestra de medios internacionales.

No es una comparación de sufrimiento. Es una diferencia de cobertura periodística.

El dato procede del Humanitarian Crisis Coverage Report, publicado por el Media and Journalism Research Center en 2025. Sus investigadores analizaron 78.667 artículos sobre diez crisis humanitarias. Gaza registró un promedio de 58,5 publicaciones diarias; la República Democrática del Congo, 1,5.

La investigación abarcó principalmente medios de habla inglesa, con fuerte presencia de Estados Unidos y Reino Unido. No representa toda la prensa mundial ni permite medir cuánto se preocupa cada persona por una guerra.

MUNDO ACR · GUERRA SILENCIOSA

La distancia entre dos coberturas

Promedio de artículos publicados por día en la muestra analizada.

Gaza

58,5 artículos/día

R. D. del Congo

1,5 artículos/día


39 veces


más artículos diarios sobre Gaza que sobre Congo en esta muestra.

Muestra de 78.667 artículos sobre diez crisis humanitarias, principalmente en medios occidentales de habla inglesa. No representa toda la prensa mundial.

Fuente:

Media and Journalism Research Center

Pero documenta algo que merece atención: dos crisis pueden provocar enormes necesidades humanitarias y recibir espacios muy diferentes en los medios.

En 2024, estudiantes estadounidenses instalaban campamentos para protestar contra la guerra en Gaza. Las manifestaciones propalestinas se extendían por numerosos países y exigían decisiones a gobiernos, universidades y otras instituciones.

A miles de kilómetros, voluntarios sudaneses organizaban cocinas comunitarias para alimentar a personas atrapadas por una guerra iniciada en abril de 2023. En Congo, comunidades enteras seguían enfrentando desplazamientos y ataques de grupos armados.

También había organizaciones denunciando esas tragedias. La diferencia era la capacidad de llegar a una conversación internacional dominada por otros conflictos.

¿Por qué unas causas consiguen sostener movilizaciones multitudinarias mientras otras encuentran mayores obstáculos? ¿Quién financia las campañas? ¿Quién obtiene beneficios de las guerras? ¿Y qué ocurre con las víctimas que apenas aparecen en esas discusiones?

Una movilización que llevaba décadas construyéndose

La solidaridad internacional con Palestina no nació después del 7 de octubre de 2023.

Durante décadas, comunidades palestinas en el exterior, sindicatos, asociaciones estudiantiles y organizaciones de derechos humanos desarrollaron redes de apoyo y campañas internacionales.

En 2005, más de 170 organizaciones palestinas respaldaron el llamamiento que dio origen al movimiento de boicot, desinversión y sanciones, conocido como BDS.

BDS no dirigió todas las protestas posteriores ni representa a cada manifestante. Su existencia demuestra, sin embargo, que ya había estructuras organizativas con experiencia para convocar actividades, comunicar demandas y sostener campañas.

Cuando la guerra intensificó la indignación internacional por la destrucción y las muertes de civiles palestinos, esas redes pudieron participar en nuevas movilizaciones. A ellas se sumaron personas que nunca habían formado parte de organizaciones políticas.

ACLED registró 3.996 manifestaciones propalestinas en Yemen, 3.656 en Estados Unidos, 2.457 en Marruecos y 1.598 en Turquía entre octubre de 2023 y junio de 2024.

Otro estudio, elaborado por Erica Chenoweth, Soha Hammam, Jeremy Pressman y Jay Ulfelder, contabilizó casi 12.400 protestas propalestinas en Estados Unidos durante un período semejante, utilizando una metodología diferente. Las cifras no deben sumarse ni compararse como si procedieran del mismo registro.

En Estados Unidos, muchas de las demandas estaban dirigidas a instituciones que los manifestantes podían presionar directamente. Se cuestionaba el apoyo político y militar de Washington a Israel y se exigía a universidades revisar inversiones y acuerdos institucionales.

Había una causa internacional, pero también decisiones nacionales concretas sobre las cuales intentar influir.

La indignación por el sufrimiento palestino explica parte de esa movilización. Las organizaciones existentes, la experiencia acumulada y los objetivos políticos identificables ayudan a entender cómo pudo sostenerse.

Eso no significa que quienes protestaban fueran indiferentes a otras guerras. Tampoco permite concluir que todas las manifestaciones respondieran a una dirección única.

Sudán también se organiza, pero necesita recursos

La población sudanesa no carece de organizaciones ni de personas dispuestas a actuar.

Las Emergency Response Rooms, conocidas como salas de respuesta de emergencia, han desarrollado redes comunitarias para distribuir alimentos, medicamentos y otros suministros.

Zam Zam ERR Families gather to have a meal prepared and provided by Zamzam camp emergency response room teams in North Darfur.

Parte de esas iniciativas procede de experiencias de organización vecinal y de los movimientos ciudadanos que participaron en las protestas sudanesas de 2019.

Una investigación de la Social Science in Humanitarian Action Platform documentó su funcionamiento y las dificultades para obtener financiación.

Organizar una cocina comunitaria requiere voluntarios, pero mantenerla abierta exige alimentos, transporte, suministros y recursos constantes.

Las pequeñas organizaciones locales no siempre pueden cumplir fácilmente con los procedimientos administrativos exigidos por grandes sistemas internacionales de financiación.

En Congo también existen movimientos ciudadanos con años de trayectoria.

LUCHA, fundado en Goma en 2012, ha organizado protestas por servicios básicos, derechos humanos y rendición de cuentas. Front Line Defenders ha documentado su actividad y los riesgos que enfrentan sus integrantes.

Las poblaciones de Sudán y Congo no están esperando pasivamente que alguien hable por ellas.

La investigación sí encontró diferencias medibles de cobertura periodística, pero no una base mundial homogénea que permita establecer con exactitud cuántas manifestaciones más recibió Gaza frente a cada uno de esos conflictos.

Son mediciones distintas. Confundirlas daría una impresión de certeza que los datos no permiten.

Cuando conseguir comida puede exponerte a nuevos abusos

La guerra puede quitarle a una persona su casa, sus ingresos y la posibilidad de protegerse.

En esas condiciones, conseguir comida, trabajo o asistencia puede depender de alguien con poder sobre ella.

En 2024, Associated Press investigó denuncias de explotación sexual contra mujeres sudanesas refugiadas en Chad.

Algunas mujeres denunciaron que hombres vinculados con servicios de asistencia, seguridad o posibilidades de empleo les ofrecían dinero, trabajo o facilidades para recibir ayuda a cambio de relaciones sexuales.

La agencia entrevistó directamente a tres mujeres y examinó relatos de otras siete proporcionados por una profesional de salud mental.

Associated Press no pudo verificar independientemente todas las acusaciones. Tras la publicación, Naciones Unidas anunció una investigación sobre las denuncias.

En 2026, la misma agencia informó sobre los resultados de una investigación interna de Médicos Sin Fronteras en Chad. El informe identificó 59 denuncias de conductas indebidas, entre ellas explotación y abuso sexual. La organización despidió o declaró no elegibles para futuras contrataciones a 18 trabajadores. No todas las acusaciones pudieron comprobarse ni fue posible identificar a todos los presuntos responsables. Médicos Sin Fronteras reconoció fallas en sus mecanismos de prevención y respuesta.

Las mujeres habían escapado de una guerra buscando protección. Según sus testimonios, incluso en los lugares de acogida encontraron personas dispuestas a aprovecharse de su necesidad de sobrevivir.

Las denuncias no autorizan a responsabilizar colectivamente a los trabajadores humanitarios ni a dar por acreditada la culpabilidad de personas concretas.

Pero muestran por qué la protección de refugiados no termina cuando cruzan una frontera.

En lugares donde alguien depende de terceros para conseguir alimentos o asistencia, los abusos denunciados pueden convertirse en una amenaza adicional para quienes ya lo perdieron casi todo.

Los diamantes que ayudaban a financiar una guerra

Hay conflictos en los que el dinero detrás de la violencia puede reconstruirse mediante documentos oficiales.

Sierra Leona ofrece uno de los antecedentes más conocidos.

Durante su guerra civil, el Frente Revolucionario Unido, conocido como RUF, utilizó diamantes extraídos de territorios bajo su control para financiar operaciones militares.

Un informe del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas publicado en diciembre de 2000 describió cómo los diamantes salían principalmente a través de Liberia y examinó la participación de funcionarios y redes relacionadas con el entonces presidente liberiano Charles Taylor.

El panel de expertos estimó que los diamantes controlados por el RUF podían representar entre 25 y 125 millones de dólares anuales.

La amplitud del rango refleja las dificultades para medir un comercio clandestino. Aun así, los investigadores identificaron una fuente considerable de financiación militar.

Los diamantes podían intercambiarse por armas y suministros. Grupos armados, intermediarios comerciales y determinadas autoridades participaban en una economía que ayudaba a sostener la violencia.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación de Sierra Leona concluyó posteriormente que los diamantes no habían sido la causa original de la guerra, pero sí contribuyeron a financiarla.

La respuesta internacional incluyó el Proceso de Kimberley, un sistema de certificación que comenzó a funcionar en 2003 para limitar la entrada al comercio legítimo de determinados diamantes utilizados por movimientos rebeldes para financiar conflictos.

El mecanismo tiene limitaciones. Su definición de diamantes de conflicto no comprende todas las violaciones de derechos humanos que pueden ocurrir en la industria y se concentra principalmente en el comercio de diamantes en bruto.

Global Witness, que participó en los esfuerzos iniciales de regulación, abandonó el proceso como observadora en 2011 por considerar que sus fallas persistían.

Sierra Leona permite identificar beneficiarios económicos y mecanismos concretos de financiación de una guerra.

No significa que todos los diamantes africanos sean ilícitos ni que los conflictos actuales respondan automáticamente al mismo modelo.

«This Is Africa», cuando el sufrimiento parece algo habitual

La película Diamante de sangre, estrenada en 2006, acercó al público internacional la historia de los diamantes utilizados para financiar conflictos.

También hizo conocida entre sus espectadores una expresión repetida durante la trama: This Is Africa, abreviada como TIA.

En la película, la frase aparece asociada con situaciones de violencia, corrupción y aparente ausencia de reglas.

Su repetición puede transmitir la idea de que esos problemas forman parte de una condición habitual del continente.

La investigadora Laura Chrisman examinó esta representación en The Sight, Sound, and Global Traffic of Blackness in Blood Diamond, publicado en African Studies Review en 2012.

Chrisman cuestionó cómo la película representa a comunidades y gobiernos africanos mientras concede a un personaje blanco, principalmente identificado con Occidente, una posición central en su planteamiento moral.

En 2014, el académico ugandés Okaka Opio Dokotum abordó específicamente la expresión en TIA (This is Africa!): Colonial Violence in Edward Zwick’s Blood Diamond (2006), publicado en Journal of African Cinemas.

Su investigación examina cómo la película relaciona la violencia con representaciones históricas y coloniales del continente.

El problema no es mostrar una guerra africana. Es representar conflictos diferentes como si todos fueran consecuencia inevitable de vivir en África.

Sudán tiene movimientos ciudadanos que organizan ayuda. Congo cuenta con organizaciones que reclaman derechos. En Sierra Leona existieron decisiones políticas y redes comerciales específicas que contribuyeron a financiar la violencia.

Esas historias tienen protagonistas, responsabilidades y causas distintas.

La investigación académica cuestiona determinadas representaciones culturales del continente, pero no demuestra que la expresión TIA explique por sí sola la menor atención internacional hacia Sudán o Congo.

El dinero que mantiene una causa en la conversación

Las campañas internacionales también necesitan financiación.

Organizar actividades, producir anuncios, contratar personal y sostener acciones de presión política cuesta dinero.

Save Darfur ofrece un antecedente histórico documentado.

Durante la década de 2000, la coalición reunió organizaciones religiosas, estudiantes, activistas y figuras públicas para mantener la crisis de Darfur en la agenda política estadounidense.

En su artículo Does “Save Darfur” Feed Darfur?, publicado en 2009, el investigador Alex de Waal examinó las finanzas de la organización.

Según los datos financieros que citó para 2007, Save Darfur reportó ingresos por US$48.638.145 y gastos de US$38.360.926 en publicidad y mercadeo.

De Waal señaló que una parte importante de esos recursos pudo proceder de una donación anónima destinada en gran medida a publicidad. Esa observación no identifica públicamente al donante ni demuestra irregularidades.

La coalición buscaba influir en decisiones políticas, no funcionar como una agencia encargada de distribuir directamente alimentos en Sudán.

Por eso, el gasto publicitario no constituía por sí mismo una anomalía. De Waal cuestionó, entre otros aspectos, las afirmaciones de la organización sobre su contribución a la respuesta humanitaria.

Los registros fiscales de Save Darfur disponibles en ProPublica permiten consultar información sobre su trayectoria institucional posterior, incluida su evolución hacia United to End Genocide.

La campaña consiguió presencia pública y capacidad de presión. También recibió críticas académicas por simplificar aspectos del conflicto y promover determinadas respuestas políticas sin reflejar toda su complejidad.

Ese antecedente muestra cómo una organización puede invertir cantidades importantes de dinero para mantener una tragedia en la discusión pública.

No demuestra enriquecimiento ilícito de sus dirigentes.

En Gaza, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, UNRWA, ofrece un ejemplo diferente.

Según su informe anual de 2024, la agencia recaudó aproximadamente 1.400 millones de dólares. Las contribuciones privadas alcanzaron unos 153 millones y las donaciones individuales aumentaron un 290 % respecto del año anterior.

Son recursos destinados a operaciones y servicios humanitarios. No deben confundirse con financiación de manifestaciones propalestinas o campañas de presión política.

La diferencia es fundamental.

Una agencia humanitaria puede recaudar fondos para atender refugiados. Una coalición de incidencia puede contratar publicidad para presionar a un gobierno. Un grupo armado puede financiar sus operaciones mediante el comercio ilegal de recursos naturales.

En los tres casos circula dinero relacionado con conflictos, pero no se trata de la misma actividad.

MUNDO ACR · SIGA EL DINERO

No todo el dinero cumple la misma función

Tres casos documentados. Tres circuitos diferentes. Tocá cada apartado para conocer los detalles.

Ayuda humanitaria · UNRWA

US$153 millones

Contribuciones privadas reportadas en 2024 para una agencia que presta servicios humanitarios. No son fondos de manifestaciones.


Informe anual de UNRWA

Publicidad e incidencia · Save Darfur

US$38,36 millones

Gastos en publicidad y mercadeo reportados para 2007, según Alex de Waal. No equivalen a ayuda distribuida en Sudán ni prueban enriquecimiento ilícito.


Análisis de Alex de Waal

Financiación armada · Sierra Leona

US$25–125 millones/año

Estimación histórica de diamantes controlados por el RUF, según un panel de expertos de Naciones Unidas en 2000. Se trataba de una economía clandestina vinculada con financiación militar.


Informe del Consejo de Seguridad

Los casos corresponden a años, instituciones y actividades diferentes. No establecen vínculos financieros entre sí y sus cantidades no deben compararse directamente.

La investigación no reunió pruebas suficientes para identificar una estructura única que financie las manifestaciones propalestinas internacionales ni para sostener que sus organizadores obtengan beneficios ilícitos.

Tampoco encontró evidencia que permita afirmar que existe una operación coordinada para silenciar las crisis de Sudán o Congo.

Lo que sí muestran los antecedentes es que contar con organizaciones, financiación y experiencia comunicativa puede ayudar a sostener una causa en la agenda pública.

Las contradicciones de la solidaridad

La solidaridad internacional también obliga a examinar cómo actúan quienes dicen defender los derechos humanos.

Save Darfur consiguió movilizar a amplios sectores de la sociedad estadounidense, pero recibió críticas por la manera en que presentó el conflicto.

En Ruanda, durante el genocidio de 1994, gobiernos y organismos internacionales recibieron información sobre las matanzas mientras continuaban los asesinatos.

Una investigación independiente de Naciones Unidas identificó graves errores en la respuesta internacional, insuficiencia de recursos y falta de voluntad política.

Son situaciones diferentes.

Una campaña puede simplificar una tragedia mientras intenta conseguir apoyo. Un gobierno puede disponer de información sobre atrocidades y aun así no adoptar medidas suficientes.

Pero demostrar que una organización o un dirigente aplica criterios contradictorios entre Gaza y otros conflictos exige examinar sus declaraciones, decisiones y actuaciones concretas.

Esta investigación no reunió pruebas suficientes para señalar un patrón general de organizaciones que defiendan a la población palestina y deliberadamente ignoren a las víctimas de otras guerras.

Tampoco sería correcto atribuir esa conducta a millones de manifestantes.

Las personas pueden concentrar sus esfuerzos en determinadas causas por razones históricas, personales, políticas o por la posibilidad real de influir en alguna decisión.

La desigualdad de atención existe en los datos examinados. Las motivaciones individuales no pueden deducirse de esa diferencia.

Las guerras que continúan lejos de las grandes movilizaciones

La atención internacional no depende únicamente de la cantidad de víctimas.

También intervienen las organizaciones existentes, las relaciones políticas, la capacidad de comunicación, los recursos financieros y las decisiones de los medios.

La historia de Palestina muestra redes de solidaridad construidas durante décadas. Darfur y Biafra consiguieron movilizaciones internacionales importantes en otros momentos. Sudán y Congo también tienen organizaciones propias, aunque algunas enfrentan obstáculos considerables para conseguir recursos y presencia pública.

En Chad, refugiadas sudanesas denunciaron abusos relacionados con su necesidad de recibir asistencia. Dentro de Sudán, voluntarios han sostenido cocinas comunitarias en medio de la guerra. En Congo, movimientos ciudadanos llevan años reclamando derechos.

Sus necesidades no disminuyen cuando las noticias dejan de hablar de ellas.

El estudio que encontró una diferencia aproximada de 39 a 1 entre la cobertura diaria de Gaza y Congo no midió el valor de unas vidas frente a otras. Midió cuánto espacio recibieron esas crisis en determinados medios.

Para quienes buscan alimentos, protección o apoyo internacional, alcanzar ese espacio puede abrir oportunidades de conseguir recursos y llegar a instituciones capaces de actuar.

Pero la atención tampoco garantiza una respuesta.

En Sudán, una cocina comunitaria necesita suministros para seguir funcionando. En Chad, las denuncias de explotación requieren investigaciones y protección efectiva. En Congo, los movimientos ciudadanos continúan enfrentando las consecuencias de una violencia prolongada.

Esas realidades siguen ahí, aunque el mundo esté mirando hacia otra parte.

Hay guerras que llenan las calles. Otras todavía luchan por ser vistas.

Si esta investigación le mostró una realidad que casi no llega a su pantalla, compártala. A veces, hacer visible una historia también empieza por decidir no pasar de largo.

MUNDO ACR

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